Oportunidades Perdidas

Irradiando la luz de Cristo en tu propio rincón del mundo.

por Ronald Rousseau

Cuando la gente piensa en los misioneros, piensa en quienes comparten el evangelio en zonas remotas. Pero eso nos deja a la mayoría fuera de las misiones. La verdad es que hay oportunidades para ser misioneros justo donde estamos.

Desafortunadamente, hay otras cosas que pueden impedirnos ver esas oportunidades para hacer brillar nuestra luz. Las enseñanzas de la Palabra de Dios nos muestran cómo evitarlo.

Una historia misionera

Una vez hablé con una misionera sobre una misión en la que ella participaba en Sudamérica. No era la primera vez ella que había ministrado allí. Mientras preparaba el lugar donde se instalaría la clínica, notó a dos niños que parecían estar angustiados, así que preguntó a un miembro de la iglesia quiénes eran. Se enteró de que vivían en un hogar destruído y se enfrentaban a muchas dificultades.

Uno de los métodos favoritos de la misionera para acercarse a los niños era invitarlos a comer un helado. Ella esperaba que vinieran, y así fue. La misionera se dio cuenta de que, cuando los niños llegaron a la heladería, sus rostros reflejaban incredulidad. Uno de los niños estaba sumiso, mientras que su hermano era agresivo y estaba enojado. La miraban con expresiones que parecían preguntar: “¿Qué ganas tú de esto?”.

Tomó unos tres viajes a comprar helado para que los niños empezaran a suavizarse. Esos dos niños necesitaban una intervención profunda. Aunque el helado solo fue una solución temporal, la misionera hizo lo que pudo con la oportunidad que se le presentó.

Afortunadamente, los dos niños volvían todos los días a ver a esta misionera. A la hora de irse, uno de ellos le preguntó: “¿Cuándo volveré a verte?”.

Esta historia nos deja con una pregunta: ¿De verdad tenemos que recorrer miles de kilómetros solo para ministrar a dos niños pequeños?

Almud y luz

La respuesta es “no”. Cada día tenemos la oportunidad de hacer brillar la luz de Cristo, pero hay otras cosas que pueden impedirlo. Jesús explica en Mateo 5:15: “Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa”.

¿Cuál es el almud que oculta nuestra luz? A menudo son nuestras posesiones materiales. En un sermón reciente del Hermano Josué Alemán, de la iglesia de la calle 71 en Sacramento, California, recordé algo que había olvidado tras haber vivido en Estados Unidos la mayor parte de mi vida: ¡Tenemos muchas cosas! La mayoría de la gente en el resto del mundo no las tiene. En muchos lugares, cada objeto de una casa tiene un propósito específico y, la mayoría de las veces, no hay nada de más.

Recuerdo que, durante un viaje misionero, visitamos a un paciente que estaba demasiado enfermo para acudir a la clínica. Un médico de Monterrey, México, y yo caminamos unos dos kilómetros y medio hasta su casa. Cuando llegamos, me quedé impresionado por la escasez. La casa era sencilla — un suelo de tierra con pocas pertenencias — pero la función de cada objeto era evidente. Un plato y una cuchara para cada miembro de la familia. Tres piedras en medio del cuarto para cocinar. El padre estaba acostado en un tapete en el suelo. Pensé en mi sótano y en todas las cosas que poseo.

Cuando pensemos en Mateo 5:15, deberíamos imaginar una casa como esa, donde cada objeto tiene un propósito específico para la supervivencia. La mención de Jesús de un almud no es casual. En aquella época, el almud se utilizaba para llevar provisiones a la casa en forma de comida. Un visitante podía juzgar fácilmente la salud de una familia con solo echar un vistazo al almud y ver si estaba lleno o vacío.

Existe una relación directa entre el almud y la luz: Ambas representan nuestras provisiones y la presencia de Dios. En este pasaje, Jesús no se refiere a cualquier luz, sino a Sí mismo. A lo largo de las Escrituras, la luz simboliza la presencia de Dios y Su Palabra. Jesús es la luz que ha venido al mundo.

Así pues, la pregunta es, ¿dejaremos que Él brille en nuestra vida cotidiana, o lo ocultaremos? Puede que no tengamos muchas cosas materiales, pero nuestro almud puede ser cualquier cosa: profesiones, cargos o el orgullo por lo que hemos logrado – las cosas que usamos para mantenernos. Mateo 5:15 nos dice que estas cosas nunca deben convertirse en un obstáculo para la luz de Dios ni cegarnos ante la misión que Él nos ha encomendado. Más bien, nuestros almudes deben ser recursos a través de los cuales Su luz pueda brillar mientras compartimos nuestra abundancia.

Por eso, durante los viajes misioneros de la CG, aprovechamos la oportunidad para bendecir a la comunidad con canastas de regalo al final de nuestros servicios nocturnos tipo avivamientos. Las canastas contienen artículos básicos para el hogar: alimentos, cobijas, productos de higiene. También tenemos juguetes para los niños. Es revelador que, a veces, los niños prefieran recibir una canasta de alimentos antes que un juguete cuando se les da a elegir. Esto indica su profunda necesidad.

El lugar adecuado

Seguramente hay dos chicos — o quien sea — en tu círculo de influencia cuyas vidas podrían alegrarse con un gesto de generosidad o amabilidad. Como nos lo recuerda Mateo 5:15, solo tenemos que evitar tapar nuestra luz con un almud. Una vez que coloquemos el almud en el lugar adecuado, la luz de la lámpara se convertirá en una herramienta para ayudar a quienes lo necesitan. Nosotros también encontraremos a dos niños muy cerca. Si no lo hacemos, descubriremos que hemos perdido oportunidades de realizar labor misionera justo donde estamos.

La Gran Comisión nos llama a hacer discípulos dondequiera que se encuentren. A veces resulta más intimidante acercarnos a quienes tenemos más cerca, pero no queremos pasar por alto a nadie. Tu generoso apoyo permite a la Conferencia General llevar a cabo la labor misionera en países de todo el mundo, pero eso no significa que tú no puedas realizar una labor misionera allí donde vives y trabajas. Sea cual sea ese lugar, Dios quiere que hagas brillar Su luz y que compartas lo que tienes en tu canasta.

Dios espera que recibas este mensaje. Y lo mismo esperan dos niños pequeños, en algún lugar.

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