Misión del Reino

Viviendo bajo el reinado de Dios hoy en día.

por Ruhama Assefa

Estaba escuchando el canto “So Will I” (“Yo También”. Un Billón de Veces) durante un viaje en coche fuera de la ciudad. Me encantan esos viajes — los árboles, las montañas, los pájaros que vuelan junto a la ventana y el impresionante paisaje de nuestro país. Eran las últimas horas de la tarde y la puesta de sol hacía que todo se sintiera aún más especial. Mientras la música sonaba suavemente, mi corazón quedó cautivado por la belleza que me rodeaba.

En ese momento, sentí una profunda gratitud por todo lo que tengo. Dejé a un lado todas las preocupaciones y simplemente disfruté del paisaje. Me encanta la naturaleza por encima de casi todo, especialmente cuando estoy lejos del ruido de la ciudad. Qué maravilloso es nuestro Dios, que creó toda esta inmensa belleza y todavía sigue prestando atención a cada detalle.

Mientras el canto continuaba, mis pensamientos se alejaron mucho más allá del coche. Esa mañana tenía un examen, y este viaje me pareció una tranquila recompensa de Dios — un recordatorio de Su fidelidad.

De repente, el Espíritu Santo me trajo a la mente una conversación que tuve hace cinco años con una mujer después de un servicio en la iglesia. Ella era mucho mayor que yo y profundamente espiritual. Ella me llevó a casa esa tarde, cerca del atardecer, con el viento moviendo suavemente los árboles. Me dijo algo que me llegó al corazón: “¿Sabes que incluso los árboles y las criaturas adoran a Dios? ¿Cuánto más deberíamos adorarlo nosotros en nuestra vida diaria?”.

Sus palabras se me quedaron grabadas — la idea de que la adoración no se da solo en la iglesia, sino que es una forma de vida, un camino que recorremos cada día. Volví a mirar el mundo desde mi ventana e imaginé lo hermoso que debe ser el cielo si esta tierra ya refleja aunque sea una mínima parte de la gloria de Dios.

En ese momento, el Espíritu Santo conmovió silenciosamente mi corazón hacia el reino venidero — el reinado de Dios no solo en el cielo, sino aquí y ahora, en nuestras vidas.

Si la creación misma adora a Dios sin cesar, entonces seguramente nosotros, que llevamos Su imagen, estamos llamados a vivir Su reino aquí, siguiendo los pasos de Jesús en cada aspecto de nuestras vidas.

Reino en accion

Todo el ministerio de Jesús se centró en la buena nueva del reino de Dios. Él aprovechó cada oportunidad — caminando por caminos polvorientos, enseñando a las multitudes en los montes o compartiendo comidas con amigos — para anunciar que el reino de Dios estaba cerca (Marcos 1:15). Él no esperaba el lugar perfecto ni la audiencia perfecta; Su mensaje era urgente y estaba dirigido a todos.

En primer lugar, Jesús predicó y proclamó el reino, llamando a las personas al arrepentimiento y a la fe. Luego enseñó cómo se manifiesta el reino en la práctica, invitando a las personas a una nueva forma de vida marcada por el amor, la justicia y la misericordia. Por último, demostró el poder del reino sanando a los enfermos, restaurando a los quebrantados y expulsando las tinieblas (Lucas 4:18, 19). Sus milagros eran señales de que el reino de Dios estaba irrumpiendo en el mundo.

Sin embargo, hoy en día muchos creen que compartir esta buena nueva es responsabilidad exclusiva de los pastores, los misioneros o los líderes de la iglesia. La verdad es que la misión que Jesús nos encomendó — hacer discípulos de todas las naciones — es para todos los seguidores de Cristo (Mateo 28:19, 20). Cada uno de nosotros está llamado a continuar la obra que Él comenzó, reflejando Su amor y Su verdad en nuestra vida diaria.

Lo he visto de primera mano a través de un equipo llamado Unity for Revival (Unidad para el Avivamiento) del que forma parte un amigo mío. Su visión y misión son inspiradoras: Ellos llegan a estudiantes, jóvenes y jóvenes adultos no solo en la ciudad, sino también en zonas remotas, impulsados por el deseo de compartir el reino de Dios. Lo que más me entusiasma es su juventud y su celo. Estos jóvenes creyentes continúan la obra de Jesús con pasión y fidelidad, dejando un poderoso legado.

El enfoque de este ministerio ha profundizado mi comprensión de lo que realmente significa la misión. Es una decisión impulsada por el hambre espiritual, un compromiso de vivir y compartir el mensaje del evangelio dondequiera que Dios nos ponga. Jesús no dio órdenes de lejos; Él bajó, vivió entre nosotros y encarnó la misión del reino de Dios. Estamos llamados a seguir Sus pasos en nuestras propias esferas de influencia.

Reflejando el reino

Si Jesús nos dio ejemplo de cómo vivir según el reino mediante la predicación, la enseñanza y la sanación, ¿a qué nos llama eso en nuestra vida diaria? ¿Cómo reflejamos el reino de Dios no solo con palabras, sino también con acciones?

Por un lado, debemos acoger Su dominio y Su reinado en cada aspecto de nuestras vidas. El reino no es solo una esperanza futura, sino una realidad presente, en la que la autoridad de Dios guía nuestros pensamientos, acciones y decisiones. Vivir en Su reino nos llama a buscar primero Su voluntad, poniendo Sus propósitos antes de nuestros propios planes. Significa caminar en rectitud y justicia, reflejando el corazón de Dios en cómo tratamos a los demás. Significa demostrar amor y misericordia como lo hizo Jesús, mostrando gracia incluso cuando es difícil. Vivir bajo el reino de Dios también nos invita a ejercer la fe y la oración, confiando en el poder de Dios para superar los desafíos de la vida. En última instancia, nos llama a ser una luz en el mundo, influyendo en los demás a través de la humildad y la verdad.

El reino de Dios es tanto espiritual como práctico. Cuando nos rendimos por completo, nos convertimos en Sus embajadores, reflejando los valores del reino en un mundo desesperado por encontrar esperanza. Al vivir bajo el reino de Dios, experimentamos paz en medio del caos, fortaleza en medio de la debilidad y victoria en medio de las batallas, porque el Rey de reyes es nuestro guía y refugio constantes.

Una fe tibia

El problema es que muchos de nosotros caemos en una fe tibia, cumpliendo con los rituales sin verdadera pasión ni compromiso. La Biblia nos advierte sobre esta situación: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16).

Esta verdad me recuerda de una escena impactante de la película War Room (Cuarto de Guerra). Elizabeth Jordan, una agente inmobiliaria, se siente abrumada por la frustración y sus luchas personales. Ella visita la casa de la señorita Clara para hablar de la venta de su vivienda. La señorita Clara le ofrece café, pero cuando Elizabeth finalmente lo prueba, se da cuenta de que está tibio.

La señorita Clara le explica con delicadeza que, al igual que el café, muchos creyentes no son ni fríos ni calientes — son tibios en su fe. Ese momento se convierte en un despertar espiritual para Elizabeth. Ella empieza a ver que sus luchas forman parte de una batalla espiritual más profunda que requiere oración intencionada, entrega y compromiso con el reino de Dios.

La transformación de Elizabeth comienza cuando abraza la oración como su verdadero “cuarto de guerra”, comprendiendo que servir al reino de Dios sin este fundamento es difícil, si no imposible. La fe tibia debe ser desafiada por el poder de la oración y la devoción.

Seamos como las vírgenes prudentes de la parábola de Jesús, esperando con expectación y preparadas para la llegada del Esposo. Su disposición refleja la actitud que Dios nos llama a tener mientras vivimos bajo Su reino, continuamente vigilantes y fieles (Mateo 25:1-13).

Esperando el reino

A lo largo de nuestra vida, acoger el reino y la misión de Dios significa vivir bajo Su dominio aquí y ahora, y no limitarnos a esperar el futuro. Significa seguir el ejemplo de Jesús amando profundamente, sirviendo con fidelidad y manteniéndonos firmes en la verdad, incluso cuando resulte difícil.

El reino de Dios no está lejos; está irrumpiendo entre nosotros, en nuestros corazones, familias y comunidades. Cada uno de nosotros está invitado a participar en este despliegue divino, viviendo como embajadores de esperanza y transformación en un mundo desesperado por luz.

Así que decidamos hoy vivir vidas del reino, rechazando la complacencia tibia y siendo como las vírgenes prudentes, preparados y expectantes con las lámparas encendidas.

Así como el Señor Jesús nos enseñó a orar: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10).

Espero que este sea nuestro clamor diario y nuestra firme resolución — hasta el día en que Él regrese.

Maranatha. Ven, Señor Jesús, ven.

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Oportunidades Perdidas Edición Actual

Written By

Ruhama Tewodros Assefa is a Christian writer, youth leader, and dental medicine student. With a passion for words birthed from a deep place of worship and intimacy with God, she writes to heal, uplift, and point others to truth. Her journey of faith is deeply rooted in prayer, service, and a desire to see young women walk in identity and godly wisdom. Her article in the July-August issue is her first published piece. Ruhama lives in Addis Ababa, Ethiopia.

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