Atrápelos como Salmón

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Cuando me casé con Allen, la pesca era parte de lo que era él. No sólo disfrutaría yo de la sensación de enganchar salmones en la costa oeste de Canadá, sino que también experimentaría la pesca de personas en formas que nunca me imaginaría.

Después de una dramática conversión a Cristo en 1993, a mi esposo pescador le surgió una nueva pasión: “atrapar personas” para Jesús. Juntos descubrimos reglas similares sostenidas para ambas clases de pesca.

1. Ir a donde el pez está

Allen y sus amigos pescaban salmón en un área específica por más de veinte años. Pero a medida el pez se escaseaba en ese lugar, decidieron buscan en otra parte. Cuando Allen pescó una belleza de cuarenta y cinco libras más al norte, él y sus amigos rápidamente cambiaron de lugar.

Para los cristianos, el hecho de “atrapar” no se trata de estar sentado en una banca de la iglesia. Él (o ella) es bien probable que viva al lado, trabaje en la oficina, se pasee por el parque, o atienda una reunión familiar. Jesús instruyó a Sus discípulos a ir “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10:6) — o sea su propio territorio.

Para traer personas a Jesús, quizá necesitemos ofrecer amistad a un vecino, ser voluntario en nuestra comunidad, unirnos a una actividad deportiva, o simplemente sacar a caminar al perro con más frecuencia.

2. Usar la carnada apropiada

La estrategia de corte y enganche (cut-plug) es la forma favorita de Allen para atrapar un salmón. Aparentemente, un arenque sin cabeza dando vuelta atrae a los más grandes. ¿Qué atrae a la gente hacia Jesús? Sólo la Guía de Pesca del Maestro sabe lo que cada individuo “morderá,” puesto que las personalidades, los trasfondos, y las necesidades difieren.

Cuando me casé con Allen tuve que trasladarme a una nueva ciudad. Mi primera amiga allí fue la recepcionista de nuestro banco. Pat no era creyente, pero sí sabía que yo estaba involucrada en actividades cristianas.

Cuando su madre murió de cáncer, ella se sintió devastada. “Cathy, necesito saber si volveré a ver a mi madre,” fue lo que me dijo durante el almuerzo un día. “¿Crees que hay vida después de la muerte?”

Me sentí agradecida de tener respuestas que darle. Hoy, varios años después, Pat es una cristiana solida. ¿El área de pesca? Mi banco.

Para usar la carnada apropiada, debemos depender de la dirección del Espíritu Santo. “Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos, afirma el Señor” (Isaías 55:8).

3. Deles el hilo

“Si siente un tirón, dele suficiente hilo de pescar al pez para que pueda tragarse la carnada,” fue lo que Allen me dijo la primera vez que pescamos juntos. El salmón es peleador, y si el gancho no está firmemente afianzado en sus boca, entonces ellos simplemente mordisquean la carnada. Saber cuánto hilo darles y cuándo “poner el gancho” es la clave para pescar exitosamente el salmón con la estrategia de corte y enganche.

Mucha gente ha sido espantada por el cristianismo debido a que cristianos con buenas intenciones trataron muy duro y muy pronto de atraerlos hacia el reino. Allen, por ejemplo, me dijo que él se hubiera convertido hace muchos años de no haber sido por los cristianos que le repetían lo que decía la Biblia hasta el cansancio.

Es importante dar “hilo” a un cristiano potencial, a menos que el Espíritu Santo nos indique lo contrario. ¿Cómo hacemos eso? Aceptándolos tal como son y escuchándolos sin juzgarlos. He visto este método de “pesca” funcionar una y otra vez. Amar, escuchar, y dejar que Dios los atrape en Su tiempo.

Esta clase de pesca puede compararse con la recolección de la cosecha. Jesús dijo que “tan pronto como el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha” (Marcos 4:29).

4. Enróllelos con cuidado

Nunca olvidaré atrapar mi pez más grande — un salmón rey de cuarenta y dos libras. Con tres hombres dispuestos a ayudarme, peleé con él por más de una hora antes de sacarlo del agua. Una y otra vez dejé que el pez se alejara del bote para luego lentamente enrollarlo hasta que finalmente se cansara. Solo hasta entonces pude enrollar más rápido — ¡y oraba para que uno de los hombres pudiera echarlo en la red!

De igual manera, se requiere paciencia, conocimiento, y oración (¡mucha!), para saber cuándo pedirle a una persona no creyente que se comprometa a Jesucristo. Afortunadamente, es trabajo del Espíritu Santo.

Hace unos años, hice amistad con los vecinos de al lado. Bob y Alice eran buenas personas, pero no eran cristianos. Rogué al Señor me mostrara cómo podría influir sobre ellos para traerlos a Él. Me sentí impresionada con el simple hecho de ser una buena vecina y amiga. Me propuse tomar té con Alice regularmente.

Sin embargo, cuando a Bob le diagnosticaron cáncer en la garganta, me di cuenta que era tiempo de “enrollar” más rápido. Dios me impulsó a dejar las responsabilidades de mi iglesia por irme a “pescar.” ¡Estoy contenta de haberlo hecho! El apóstol Pablo dijo, “No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes, sino con demostración del poder del Espíritu” (1 Corintios 2:4).

5. No vaya de pesca sólo

Atrapar un salmón grande por uno mismo es difícil. Se requiere de uno con la caña, uno en el motor, y uno con la red. Nunca olvidaré el momento en que estuvimos cuatro juntos pescando y enganchamos dos peces de treinta y cuatro libras al mismo tiempo. ˜Nos emocionamos y trabajamos en equipo!

Nosotros no somos completamente responsables de la salvación de los demás, incluyendo la de nuestros propios hijos. El apóstol Pablo dijo, “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios” (1 Corintios 3:6 RVR1960). Si Pablo hubiera sido un pescador moderno, bien hubiera dicho, “Yo sostuve la caña, Apolos se ocupó del motor; pero Dios lo atrapó en la red.”

Aunque me hice amiga de Bob, lo invité a él y a Alice a la iglesia, lo visité en el hospital, realmente fue mi pastor quien los condujo al Señor. Y fue el Espíritu Santo quien sostuvo la red.

6. Preserve lo capturado

Tan pronto como se atrapa un salmón, se le limpia y se pone en hielo. Al regresar a casa, se congela, se ahúma, o puede hacerlo inmediatamente.

De igual manera, no podemos dejar que un nuevo converso actúe por su propia cuenta. Ellos necesitan comunión cristiana, la Palabra de Dios, una vida de oración, y motivación para compartir su fe. Deben ser “preservados.”

El apóstol Pablo trabajó duro para ayudar a los nuevos conversos a crecer en su nueva relación con Jesucristo. No sólo oraba continuamente por ellos, sino que también les escribía cartas de ánimo y los visitaba cuando podía: “En todas mis oraciones por todos ustedes, siempre oro con alegría. . . convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:4, 6).

La reserva de salmón se está agotando rápidamente en nuestro lado del mundo, pero la pesca de las almas nunca ha sido mejor. Cristo viene pronto, y “la carnada está preparada.” ¡Es hora de pescar seriamente!

Cathy Mogus

Cathy Mogus has been a freelance writer for over 35 years and has been published in numerous Christian publications, including Guideposts, Live, Purpose, Mature Years, and Secret Place. Cathy has also been published twice in Chicken Soup for the Soul. Her book Dare to Dance Again: Steps from the Psalms When Life Trips You Up (2011) was shortlisted for a national award with the Canadian Word Guild in June 2012 (Devotional/Inspirational division). Cathy is a speaker for Stonecroft Ministries throughout western Canada and the northwest US and speaks in churches for outreach events. She lives in Richmond, British Columbia.

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Cathy Mogus has been a freelance writer for over 35 years and has been published in numerous Christian publications, including Guideposts, Live, Purpose, Mature Years, and Secret Place. Cathy has also been published twice in Chicken Soup for the Soul. Her book Dare to Dance Again: Steps from the Psalms When Life Trips You Up (2011) was shortlisted for a national award with the Canadian Word Guild in June 2012 (Devotional/Inspirational division). Cathy is a speaker for Stonecroft Ministries throughout western Canada and the northwest US and speaks in churches for outreach events. She lives in Richmond, British Columbia.