Atracción Hacia Personas del Mismo Sexo: 5 Cosas Que Los Cristianos Necesitan Saber

Los seguidores de Jesús aún son confrontados con la tentación a pecar. Y no solo los pecados apetecibles, sino del tipo de los hacen sentir incómodos a la mayoría de los cristianos. Por ejemplo, algunos cristianos se enfrentan a la tentación de la homosexualidad causada por la atracción del mismo sexo. Como con todas las tentaciones, los cristianos deben resistir y aferrarse a Cristo, que los ha re-creado en la imago dei. Además, Él los ha re-creado para liderar a aquellos en sus círculos diario al encuentro personal con Él. No importa el pecado que nos tiente, en Cristo tenemos una influencia—una oportunidad para acrecentar el reino de Dios.

Los recientes cambios estructurales en nuestra cultura acerca de la homosexualidad y el matrimonio han traído la cuestión de la atracción del mismo sexo a la palestra en la sociedad estadounidense. Los cristianos se enfrentan a preguntas difíciles  y al desafío de ministrar en un entorno que cambia rápidamente. Mientras que las cuestiones relacionadas con la atracción del mismo sexo son demasiado vastas para abordar en un solo artículo, hay algunas cosas que nos ayudarán a avanzar mientras influimos en nuestras comunidades y en nuestra cultura para Jesús.

1. La Biblia describe el comportamiento homosexual como pecaminoso.

Pese a las afirmaciones de que el comportamiento homosexual no es abordado en la escritura o sólo es condenado en el Antiguo Testamento, la verdad es que el comportamiento homosexual es consistentemente identificado como pecaminoso en la escritura. En la teocracia del antiguo pacto, las relaciones homosexuales eran un crimen capital. 1 La gravedad de la infracción—contrastado con el crimen no capital del sexo prematrimonial—probablemente se debe a cuán lejos se aleja del diseño creado por Dios para las relaciones sexuales.  2

En la nueva alianza, la conducta homosexual también es considerada pecado. Jesús, lejos de guardar silencio sobre la cuestión, declara que la fornicación mancilla 3 y que Dios creó el matrimonio desde el principio entre un hombre y una mujer.  4 El Apóstol Pablo identifica repetidamente el comportamiento homosexual como sexualmente inmoral. 5 Sin embargo, puesto que la iglesia no es una entidad geopolítica como la nación de Israel del antiguo pacto, la consecuencia no es la muerte física, pero si la exclusión del reino de Dios. 6

La ética sexual bíblica es sencilla: el amor sexual dentro del matrimonio es elogiado como santo: divinamente ordenado y sensualmente encantador.  El sexo extra-marital y otras prácticas sexualmente inmorales son condenadas como pecaminosas: destructivas y mortales.  7

2. El comportamiento homosexual puede ser perdonado y vencido en Cristo.

Afortunadamente, quienes experimentan atracción del mismo sexo y participan en relaciones homosexuales pueden encontrar perdón y restauración en Cristo. En el mismo pasaje en el que Pablo dice que los homosexuales no heredarán el reino de Dios, Él también dice, “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” 8

Los tres verbos que Pablo usa son significativos, como lo es el que está involucrado en la acción. “Lavados” se refiere al perdón y limpieza del pecado. Los homosexuales reciben el mismo perdón que Dios ofrece a todos aquellos que confiesan y se arrepienten de pecado. “Santificados” se refiere al proceso de ser hecho santo. Todos venimos a Cristo con quebrantamiento sexual como resultado del pecado y la muerte en nuestras vidas. Por el poder de Cristo, todos—incluidos los homosexuales—somos santificados, restaurados a la imagen de Cristo. Una transformación real es posible. “Justificado” se refiere a ser hecho inocente y nos coloca en una buena relación con Dios. Aquellos que encuentran vida nueva en Cristo no necesitan llevar la culpabilidad o la condenación de su antigua vida. Si Dios nos justifica, ¿quién podría condenarnos?  9

Y eso nos lleva a la parte más importante del pasaje. Dios es el único que lava, santifica y justifica a los pecadores. No es el individuo que se cambia a sí mismo o un consejero que se dedica a la “terapia de conversión”. Es una obra sobrenatural, imposible para las personas, pero posible para Dios.

3. Es posible que los homosexuales “nacieran así”.

Algunos cristianos insisten en que la atracción sexual hacia personas del mismo sexo puede ser un rasgo innato. Creen que si este fuera el caso, entonces no hay forma de que la homosexualidad podría ser pecaminosa o que quienes experimentan atracción del mismo sexo podrían ser responsables de sus acciones. Sin embargo, esta opinión no está de acuerdo con la evidencia científica y la enseñanza bíblica sobre el pecado.

Aunque sigue inconclusa, hay un creciente cuerpo de evidencias que sugieren que la atracción del mismo sexo es un rasgo innato asociado con factores genéticos. La gran mayoría de las personas que experimentan la atracción del mismo sexo testifican experimentarlo desde una edad temprana, a menudo a pesar de intentos obstinados por cambiar. Como cristianos debemos tomar en serio tales pruebas y experiencias.

Si, de hecho, algunas personas nacen con una predisposición a la atracción sexual hacia personas del mismo sexo, sin embargo, no representan una trágica excepción, sino la regla trágica. Todas las personas nacen con los efectos devastadores del pecado y de la muerte obrando en sus cuerpos. Todos estamos predispuestos a la inmoralidad sexual. La Biblia llama a esto “la esclavitud del pecado”10 y la evidencia de la Escritura, la experiencia y la ciencia moderna indican que esta esclavitud no es estrictamente espiritual, sino también física.

Por lo tanto, reconocemos que la atracción sexual por sí sola no puede legitimar la expresión sexual. Muchas personas experimentan atracción hacia personas con las que no están casadas, o que están casados con otros. Esto no legaliza el sexo premarital o el adulterio. Algunos experimentan atracción por niños o animales. Esto no legaliza la pedofilia o la zoofilia. Algunos experimentan atracción por personas de su mismo sexo o hacia varios compañeros sexuales. Esto no legaliza la homosexualidad o las relaciones “poli amorosas”. Ser atraído por alguien no legitima tener relaciones sexuales con él/ella.

Todos vinimos a Cristo con quebranto sexual y atracción mal dirigida. Pero también vinimos con la certeza de que él puede transformarnos de la forma pecaminosa del mundo a Su santa imagen. 11 Esta certeza debe guiarnos en nuestra manera de interactuar con los no cristianos y con los cristianos que experimentan atracción del mismo sexo.

4. Debemos abrazar al no cristiano en su pecado.

Debemos seguir el ejemplo de Jesús y la enseñanza de Pablo para alcanzar a los no cristianos con amor, cariño, misericordia y amistad. No es nuestro papel condenar o expulsar a los incrédulos, independientemente de su pecado. 12 En cambio, somos llamados a abrazar a los no cristianos con el amor de Cristo y ser embajadores de Él, haciéndoles saber que Dios se ha reconciliado con ellos y les pide que se reconcilien con Él. 13

Lamentablemente, algunas veces hacemos esto más complicado de lo que debe ser. Actuamos como si los no cristianos fueran responsables ante nosotros por su comportamiento o debieran conformarse a nuestros estándares morales. Actuamos como si el único punto de amistad con un no cristiano es convertirlo y si nuestros intentos fracasan, entonces debemos dejar de lado esa amistad. Además, actuamos como si los no-Cristianos deben demostrar que son merecedores de nuestra aceptación y ayuda conforme a nuestras normas o aceptando nuestro mensaje.

Pero ninguna de estas cosas son ciertas. Somos llamados a amar a los no cristianos tal como son, reconociendo que sólo una relación con Cristo puede cambiarlos. Somos llamados a ser amigos de los no cristianos, independientemente de que nunca acepten a Cristo como su Salvador. Y somos llamados a mostrar amor a los no cristianos, por el amor de Cristo, no por lo que hacen o no hacen. A medida que aprendamos a interactuar con los homosexuales en estas formas, dejaremos atrás la insensibilidad y la falsedad, el odio y la intolerancia, las disputas legales y el proxenetismo político.

5. Debemos abrazar al cristiano mientras supera su pecado.

Para los homosexuales que se vuelven cristianos, tenemos la responsabilidad de caminar junto a ellos en un proceso de restauración. Como cristianos somos llamados a orar el uno por el otro, llevar mutuamente las cargas y mantenerse mutuamente en rendición de cuentas. 14 Somos llamados a experimentar la transformación juntos, como un cuerpo unido como ministros el uno del otro.

En este proceso, reconocemos que el cambio suele ser gradual y a menudo doloroso. Todos experimentamos tentación, lucha y contratiempos en nuestro camino. No deberíamos tener normas separadas para los diferentes tipos de pecado o incluso diferentes tipos de pecado sexual. Esto significa tomar en serio la superación de formas más “aceptables” de pecado sexual en la Iglesia y, al mismo tiempo, extender la misma misericordia a aquellos que luchan con la atracción por el mismo sexo como lo hacemos con quienes luchan con la lujuria y la pornografía.

También necesitamos asegurarnos de que no se reduzca a una persona por su orientación o tentaciones sexuales. Mientras que la sexualidad es una parte importante de nuestras vidas, no es toda nuestra identidad. Debemos abrazarnos el uno al otro como participantes de pleno derecho en la vida de la iglesia y ministros uno de otro de manera integral, en lugar de concentrarnos en una sola faceta. Y debemos estar dispuestos a ser ministrados por aquellos que han sido lavados, santificados y justificados de la inmoralidad sexual.


A medida que la realidad de la atracción del mismo sexo y la homosexualidad se vuelvan más prevalentes en nuestras comunidades y cultura, usted puede estar mejor equipado para su influencia diaria por Cristo tomando ventaja de los siguientes recursos:

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Written By

Israel Steinmetz is dean of Academic Affairs for Artios Christian College and pastors New Hope United Church in San Antonio, TX, where he lives with his wife Anna and their eight children. In addition to teaching, Israel is a prolific writer, having co-authored four books and contributed over fifty feature articles to the Bible Advocate. Committed to lifelong learning, Israel holds a Bachelors in Pastoral Ministry, a Master of Divinity, Master of Arts in Theological Studies and is pursuing the Doctor of Ministry from Fuller Theological Seminary.

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