El ministerio transformador y el reino venidero de Jesucristo.
por John Oguta
El ministerio de Jesucristo ocupa el lugar central de la fe cristiana. Para los creyentes de la Iglesia de Dios (Séptimo Día), Su vida y misión revelan no solo el carácter amoroso de Dios, sino también la promesa del reino venidero. La predicación y la sanidad de Jesús no eran aspectos separados de Su obra; ambas proclamaban el reinado de Dios y demostraban cómo es la vida bajo dicho reinado. Su ministerio sigue moldeando las creencias, las prácticas y la esperanza cristianas en la actualidad.
Jesús no vino simplemente para establecer un nuevo movimiento religioso. Vino como el Mensajero elegido por Dios, anunciando que la historia había llegado a un momento decisivo. Mediante Sus palabras y acciones, Jesús reveló el propósito de Dios para la humanidad e invitó a todas las personas a responder con fe, arrepentimiento y una vida de obediencia.
Un mensaje definitorio
En el corazón del ministerio de Jesús se encontraba el evangelio del reino de Dios. Desde el inicio de Su labor pública, este mensaje definió Su misión:
Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios y diciendo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14, 15).
Para la Iglesia de Dios, este enfoque en el reino es fundamental. Jesús proclamó un reino futuro y real que, finalmente, reemplazará todo dominio humano y restaurará la creación conforme a la voluntad de Dios. Su llamado al arrepentimiento no implicaba meramente un remordimiento emocional, sino un cambio decisivo de vida hacia los caminos de Dios.
El mensaje del reino también enfatizaba la esperanza. En un mundo marcado por la injusticia, el sufrimiento y la muerte, Jesús anunció que el reinado de Dios traería justicia, paz y restauración.
Viviendo fielmente
Las enseñanzas de Jesús se diferenciaban de las de los líderes religiosos de Su época. Él hablaba con claridad y con fuerza, basando Su mensaje en la verdad de la Palabra de Dios: “Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:29).
A través de sermones, conversaciones y parábolas, Jesús reveló cómo es una vida fiel bajo el gobierno de Dios. Hizo hincapié en la humildad, la misericordia, la fidelidad y la obediencia que brota del corazón. Sus enseñanzas no descartaban la ley de Dios; al contrario, revelaban su verdadero propósito y su profundidad espiritual.
Para los creyentes de hoy, las enseñanzas de Jesús nos recuerdan que el discipulado implica un compromiso diario. La fe no se limita únicamente a creer, sino que se expresa a través de una vida moldeada por la voluntad de Dios.
Un evangelio para los humildes y los que buscan
Jesús se dirigía constantemente a quienes estaban abiertos a Dios: la gente común y corriente, los pobres y los agobiados por la vida. Esos son, según Jesús, los bienaventurados: “porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3).
El mensaje de Jesús aseguraba a Sus oyentes que Dios está cerca de quienes le buscan con sinceridad. Esto sigue teniendo un profundo significado para los cristianos de hoy. El Evangelio no promete liberarnos de todas las dificultades ahora mismo, pero ofrece un propósito, una orientación y la esperanza segura del reino venidero de Dios.
Los creyentes de hoy suelen encontrar consuelo al saber que Jesús comprende la debilidad humana. Su ministerio nos asegura que Dios no ignora las luchas de las personas fieles.
Señal del reino
El ministerio de sanidad de Jesús fue una demostración visible del poder de Dios en acción. Las sanidades nunca se realizaban como un espectáculo. Servían como evidencia de que el reino de Dios estaba confrontando activamente los efectos del pecado. “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 4:23).
Cada sanidad apuntaba más allá del momento mismo. La vista restaurada, las fuerzas renovadas y los cuerpos sanados prefiguraban un futuro en el que el sufrimiento ya no existiría. Estos actos confirmaban la promesa de un mundo restaurado bajo el reinado de Cristo.
Un ministerio compasivo
Los milagros de Jesús estaban motivados por una profunda compasión. Él no se mantuvo distante del dolor; se adentró en él. Cuando un hombre con lepra se le acercó, las Escrituras dicen: “Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó” (Marcos 1:41).
Este contacto restauró no solo la salud, sino también la dignidad y el sentido de pertenencia. En ese momento, Jesús reveló el corazón de Dios hacia los rechazados y los que sufren.
Hoy en día, los creyentes continúan este ministerio compasivo mediante la oración, el cuidado y el servicio. Ya sea visitando a los enfermos o animando a los desalentados, reflejan el amor que Cristo mostró primero.
Fe, confianza y respuesta obediente
Jesús a menudo enfatizaba la fe en Sus encuentros de sanidad. La fe no era una fórmula, sino confianza en el poder y el propósito de Dios. “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:29).
La fe, tal como Jesús la enseñaba, implicaba confianza en Dios y disposición para obedecer. Esta armonía entre fe y obediencia se alinea estrechamente con la comprensión que tiene la Iglesia de Dios (Séptimo Día) sobre la vida cristiana. La fe verdadera da como resultado una vida transformada que busca honrar a Dios.
Muchos creyentes testifican que la sanidad espiritual —la liberación del miedo, la culpa o la desesperación— llega cuando confían en Dios y se comprometen a caminar en Sus caminos.
La necesidad más profunda de la humanidad
Aunque Jesús sanaba enfermedades físicas, nunca pasó por alto la mayor necesidad de la humanidad: el perdón de los pecados. Al sanar a un paralítico, Jesús declaró primero: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5).
Esta afirmación reveló el propósito más profundo de Su ministerio. El pecado separa a la humanidad de Dios, pero el perdón restaura las relaciones y la esperanza. Para los cristianos, el perdón a través de Cristo brinda paz con Dios y la seguridad de la vida eterna.
El mensaje del evangelio llama a los creyentes a aceptar este perdón y a extenderlo a los demás, reflejando la misericordia de Dios en la vida cotidiana.
El día de reposo y el ministerio de la misericordia
Las acciones de Jesús en el día de reposo aclararon la intención de Dios para este día sagrado: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (v. 27).
Jesús no restó importancia al día de reposo; restauró su significado. Al sanar en ese día, demostró que está destinado al descanso, la renovación y los actos de misericordia.
Para la Iglesia de Dios, la observancia del día de reposo sigue siendo un recordatorio gozoso de Dios como Creador, Redentor y futuro Restaurador. Señala a los creyentes hacia el descanso definitivo en el reino de Dios.
Parábolas
Jesús enseñaba frecuentemente mediante parábolas — historias sencillas con un significado profundo. Estas lecciones, como la parábola de las diez vírgenes en Mateo 25, llamaban a los oyentes a estar preparados, a ser fieles y a perseverar.
Las parábolas sobre estar vigilantes y la mayordomía recuerdan a los creyentes que deben vivir con responsabilidad mientras aguardan el regreso de Cristo. Animan a los cristianos a permanecer fieles, dedicando sus vidas al servicio de Dios.
Un impacto continuo
El ministerio de Jesucristo no terminó con Su resurrección. Su influencia perdura hoy en la vida y la misión de la iglesia, porque Jesús y Su mensaje no han cambiado. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).
Los creyentes están llamados a proclamar el evangelio del reino, vivir en obediencia, cuidar de los demás y aferrarse a la esperanza del regreso de Cristo. Mediante una vida fiel, la iglesia da testimonio del venidero reino de Dios. Viviendo en esperanza
Jesús enseñó a Sus seguidores a orar: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10).
Esta oración encierra la esencia de la esperanza cristiana. El ministerio de Jesucristo asegura a los creyentes que el reino de Dios vendrá, el sufrimiento terminará y la justicia prevalecerá.
Para la Iglesia de Dios (Séptimo Día), el ministerio de Jesús sigue siendo tanto una guía como una promesa, que llama a los creyentes a vivir fielmente hoy, mientras aguardan con confianza el cumplimiento del plan de Dios para el mañana.
John Paul Oguta escribe desde Mombasa, Kenia, donde asiste a la congregación Kisimani de la ID7 junto a su esposa, Evelyne, y sus dos hijos. Las citas bíblicas son de la versión RVR 1960.

