por Santiago Chávez
Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien (Salmo 139:13, 14).
El estudio de cualquier órgano del cuerpo humano presenta evidencia de un Creador inmensurable
e inteligente. Desde aproximadamente veinticuatro días después de nuestra concepción hasta que morimos, nuestro corazón no deja de latir, pero descansa dos tercios del tiempo para servir al resto de nuestro cuerpo. Esa es una poderosa lección sobre la importancia de mantener un día de reposo constante para servir a los demás.
Vemos un claro ciclo de trabajo y descanso en la vida de nuestro Señor que no se limitaba a orar solamente en el día de reposo. Lucas documenta que la costumbre de Jesús no era solo observar el día de reposo semanal, sino que también “con frecuencia Él se retiraba a lugares solitarios y oraba” (Lucas 4:16; 5:16). Marcos y Mateo mencionan que Jesús buscaba regularmente la soledad (Marcos 1:35; Mateo 14:23).
Un sábado cardíaco
Es extraordinario que el corazón cuente con su propio marcapasos, el cual desencadena una cadena de acciones eléctricas y musculares que lo hacen latir 100 veces por minuto.
La presión en la aorta, inmediatamente fuera del ventrículo izquierdo, es normalmente de alrededor de 120 milímetros de mercurio (mmHg) durante la contracción. Las valvas de la válvula aórtica sellan las aberturas de las arterias coronarias para protegerlas. De lo contrario, tal fuerza desgarraría las delicadas paredes de los vasos sanguíneos.
La presión disminuye a casi la mitad (80 mmHg) durante la relajación. Esta fase dura dos tercios del ciclo cardiaco. La sangre fluye pasivamente hacia el corazón, llenando las cuatro cámaras y fluyendo hacia las válvulas pulmonar y aórtica cerradas. La válvula aórtica cambia de forma a una pirámide de tres lados que dirige el flujo sanguíneo para poder llenar las arterias coronarias. Nuestro corazón dura toda la vida porque descansa en cada ciclo cardíaco — aproximadamete 40 segundos de cada minuto (40 minutos de cada hora).
Se divide en ciclos de descanso — un ciclo de días de reposo, presentado aquí como un “día de reposo cardíaco”. Nuestro corazón protege este día de reposo porque lo necesita para sobrevivir y poder servir al cuerpo que le proporciona oxígeno y nutrientes.
Los detractores del descanso sabático
Del mismo modo, nuestra vida debe incluir la práctica del día de reposo por el bien de nuestra salud espiritual, emocional, mental y física, y para que podamos servir a los demás.
Sin embargo, debemos evitar relacionarnos con cierto tipo de personas para proteger nuestra práctica del día de reposo, tal y como lo hizo Jesús.
Uno de los tipos de personas son los que parecen pozo sin fondo. Exigen tu ayuda, consumen tu tiempo y luego te guardan rencor si no les dedicas suficiente tiempo. Este tipo de personas ingratas sufren de un cáncer maligno de sentirse con derecho a todo. No ven tu bondad como un regalo; la ven como algo que les debes.
Jesús tenía segudores que lo seguían exclusivamente por los beneficios adicionales: “En verdad les digo, que me buscan, no porque hayan visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado” (Juan 6:26).
También pudiera haber un sabotedor sonriente, un “Judas” cerca que trata de restar valor a tu día de reposo. Es fácil lidiar con los enemigos declarados, pero este detractor esconde una daga detrás de una sonrisa. Incluso pueden afirmar que nos están rescatando de nuestra propia ambición, pero están impulsados por la envidia, la fuerza más destructiva en cualquier círculo de amigos. “Judas” suele ser una persona cercana a tí — un amigo que ha estado a tu lado desde el principio, o bien un colega que comenzó en el mismo nivel que tú. Tú avanzaste con el tiempo, mientras que ellos se quedaron estancados. Son astutos; no te atacan abiertamente.
Jesús entiende bien esto. No se sorprendió cuando Judas lo traicionó ante las autoridades religiosas (Lucas 22:48).
Además de estos ejemplos, un tonto arrogante es enemigo de la sabiduría y del crecimiento y, si no tienes cuidado, enemigo de tu propia cordura. Esto no es simplemente alguien que carece de inteligencia. La ignorancia se puede curar con conocimiento. Más bien, este tonto es alguien que se niega a saber, alguien enamorado de su propia opinión, incluso cuando esa opinión está destruyendo su propia vida. Es imposible enseñar algo a una persona que ya cree que es un dios. Esta clase de persona comete los mismos errores reiteradamente. Eligen a las parejas equivocadas, invierten repetidamente en estafas, etc.
Jesús expuso la imprudencia de un necio: “Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?’” (Lucas 12:20).
Un llamado a descansar
Como el corazón, solo podemos servir adecuadamente después del descanso apropiado. No estoy sugiriendo que nunca intentemos ayudar a esas personas difíciles, pero con frecuencia interferirán con nuestra práctica del sábado si se los permitimos. También debemos reconocer que nosotros también podemos ser este tipo de personas. Sin embargo, lo más precioso del cristianismo es que podemos cambiar. No tenemos que seguir siendo los mismos (1 Corintios 6:11).
Jesús nos llama a descansar en Él:
“Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácily Mi carga ligera” (Mateo 11:28-30). Los invito a todos a vivir el sábado cada día de nuestras vidas, para que podamos ser fructíferos para la obra a la que Dios nos ha llamado.




