Perfil de un Líder

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“He matado a un hombre, y la cosa se sabe!”

Inmediatamente después de ese pensamiento, el hombre de 40 años huyó, dejando atrás la única vida que había conocido: la mejor educación disponible y la probable elevación al liderazgo de una gran nación, escapando a un futuro desconocido e implacable desierto.

Cuarenta años más tarde, el hombre aparece, llamado por Dios y encargado de guiar a más de un millón de personas de la esclavitud y la opresión. Su camino serpenteaba a través de un desierto desolado, no muy diferente del que lo había acostumbrado a enfrentar peligros y privaciones similares. A los 80 años de edad, Moisés era un líder competente, aunque renuente, sus años de experiencia habían dado forma a su destino.

 

La euforia por la liberación de los israelitas de los rigores de la esclavitud egipcia pronto se convirtió en quejas. Encerrados por soldados detrás y la extensión de agua por delante, la gente se sintió traicionada por el hombre que había buscado su liberación. “¡Nos has sacado al desierto para morir!” ¡No hay agua! Quejas. No hay sustento! Quejas. No hay variedad en la dieta! Quejas. Un segundo grito por agua, y Moisés, en un arrebato de frustración y rabia, golpeó la roca, desobedeciendo las instrucciones de Dios. Ese solo acto le costó el honor de guiar al pueblo a través de la línea final hacia la Tierra Prometida.

En el Monte Sinaí, Dios le dio a Moisés Sus mandamientos, escritos a mano, grabados en piedra. De regreso al campamento, la gente había acogido la adoración de ídolos. Dios estaba listo para destruirlos a todos y levantar una gran nación bajo Moisés, pero Moisés rechazó la idea: “Recuerda Tu promesa a Abraham de hacer de él una gran nación. Los egipcios dirán que no pudiste cumplir Tu promesa.”

Moisés reprendió enérgicamente al pueblo por su gran pecado, pero rogó a Dios que les perdonara. “Te ruego, pues que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito” (Éxodo 32:32). Dios le dijo a Moisés que continuara el viaje y poseyera la tierra, pero Él no iría con ellos. Moisés le rogó al Señor que cambiara de opinión. “Y Jehová dijo a Moisés: “También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre” (33:17).

La voz de Dios había aterrorizado al pueblo en el Monte Sinaí en medio de truenos y fuego, así que le dijeron a Moisés: “Habla con Él.” Moisés predijo que en el futuro, un profeta se presentaría como él con un mensaje especial para la humanidad. Sabía que la gente se desviaría de servir a Dios, una vez que se estableciera en su nueva tierra. Sin embargo, Moisés los bendijo y alentó a permanecer fieles, pero también les advirtió de los peligros de adoptar formas paganas.

 

El mismo día, Dios llamó a Moisés (ahora de 120 años) a la cima de Pisga en el Monte Nebo, situado en Moab enfrente del río de Jericó. Desde ese lugar, Dios le permitió ver toda la tierra que los hijos de Israel poseerían. Moisés murió allí en esa montaña, y Dios lo enterró en una tumba no revelada. Otros grandes hombres seguirían, sin embargo, ninguno del mismo calibre que Moisés, a quien el Señor conocía “cara a cara” (Deuteronomio 34:10).

La declaración profética de Moisés se cumplió en la vida y el ministerio de Jesús. Al igual que la súplica de Moisés por su pueblo, Jesús clamó desde la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Su mensaje, rechazado por Su propio pueblo, fue recibido alegremente por los gentiles. Este mismo mensaje de salvación es todavía viable y está disponible para todos aquellos que se acercan con fe a Cristo Jesús.

 

¿Eres un hijo de Dios? ¿Cómo ha impactado Su gracia en tu vida y liderazgo? Joven o viejo, puedes servir a Dios. Tal vez Él te está formando para el servicio. Pregúntale a Dios lo que Él ha planeado para tu vida.

De un fugitivo a un gran líder usado poderosamente por Dios, Moisés dejó su huella en las páginas de la historia (Hebreos 11:23-29). ¿Qué imagen de ti mismo dejarás como legado en los anales de los fieles? Que ese perfil refleje una vida guiada por el Espíritu Santo.

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Dorothy Nimchuk has a life-long love of writing. She has written intermediate Sabbath school lessons (current curriculum), stories for her grandchildren, and articles. She has self-published six books, proofread BAP copy while her husband Nick attended Midwest Bible College, served as Central District secretary-treasurer and as NAWM committee representative for the Western Canadian District women. Dorothy edited WAND (Women’s Association News Digest), Ladies Link (Western Canadian District women), and currently co-edits Afterglow, a newsletter for seniors. She assisted her husband, Nick, in ministry for thirty-five years prior to his retirement in 2002. The Nimchuks live in Medicine Hat, Alberta.