Pan de Vida

Anhelando el alimento espiritual que Jesús nos da.

por Mike Wallace

¡E ntrar por la puerta principal de mi casa y ser recibido por el aroma culinario del pan recién horneado es, sencillamente, increíble! Ya sea pan integral recién hecho o pan con miel y aceite de oliva, su sabor se fundirá en tu paladar y se llevaría el primer premio en la feria del condado.

Tomo rápidamente el cuchillo para el pan y corto una rebanada enorme y gruesa, justo del centro del pan aún todavía tibio. Luego, junto de nuevo las dos mitades del pan y finjo que no falta nada en el centro. Unto mantequilla en la rebanada y observo cómo se absorbe. Después viene la miel, goteante y pegajosa, desbordándose por las orillas justo cuando le doy el primer mordisco al pan. La mantequilla y la miel me escurren por la barbilla mientras devoro con alegría el pan recién hecho. ¡Qué regalo tan maravilloso es llegar a casa y encontrarse con esto cada día!

El pan de cada día

En el Padre Nuestro, Jesús dice: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6:11). ¿Alguna vez hemos pensado en Jesús como esa primera rebanada tibia de pan recién horneado, untada generosamente con mantequilla y miel? Él se identifica a Sí mismo como el Pan de Vida (Juan 6:35). Por lo tanto, cuando oramos: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, estamos pidiendo mucho más que alimento e ingresos materiales. En realidad, estamos orando para que Jesús more en nosotros, pues Él es nuestro Pan de Vida espiritual de cada día. Con Jesús en nuestro interior, podemos pensar y actuar en conformidad con la voluntad de Dios a lo largo de todo el día.

Cuando Jesús dice que Él es el Pan de Vida, se revela a Sí mismo como el gran “Yo Soy”. Dios le reveló Su nombre a Moisés — ”YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:14)— y, acto seguido, prometió conducir a Israel a “una tierra que fluye leche y miel” (v. 17). ¡Qué maravillosa comida física estaba preparando Dios para Israel! ¡Pan recién hecho con leche y miel!

Pero en el capítulo 6 de Juan Jesús presenta Su banquete espiritual de leche y miel. El capítulo comienza con el milagro de alimentar a cinco mil seguidores, a quienes sació con pan utilizando tan solo cinco panes de cebada y dos peces pequeños. Despues de la comida, recogieron doce canastas que sobraron. Posteriormente, Jesús pasó la noche caminando sobre las aguas del mar de Galilea en dirección a la ciudad de Capernaúm. Una vez en Capernaúm, Jesús comenzó a cambiar la manera de pensar de las personas, pasando del pan físico para el sustento al pan espiritual para la vida eterna.

Hambre espiritual

Escuchemos mientras Jesús enseña a las multitudes Su nueva forma de pensar:

“De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre” (Juan 6:26, 27).

La ​​gente está saciada físicamente. Sin embargo, Jesús les dice que hay algo mucho más importante que el alimento físico. Después le piden una señal de quién es Él verdaderamente para así creer en Él: “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer” (v. 31). La gente sigue pensando de manera física en lugar de espiritual.

Aunque Jesús les mostró que Él es el Pan de Vida, todavía no creen ni comprenden quién es Él.

Entonces Jesús les dijo: “De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”.Le dijeron: “Señor, danos siempre este pan”. Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (vv. 32-35).

Jesús, el Pan de Vida. El hambre espiritual saciada con el dulce aroma del pan celestial recién hecho, que fluye con la leche y la miel del Señor.

Jesús concluye ofreciendo a la gente la esperanza del evangelio y la verdadera vida eterna: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (v. 40). Solo en Jesús tenemos vida:

“Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente” (vv. 57, 58).

Moisés y el maná

La multitud que había sido alimentada con los cinco panes y los dos peces el día anterior se congregó en la sinagoga de Capernaúm, pero no comprendieron lo que Jesús les ofrecía. Más que Moisés y el maná físico, Jesús ofrecía el verdadero Pan de Vida espiritual: Él mismo. Aquellos que continúen pensando y comiendo de manera física morirán. Aquellos que cambien y coman de Su pan espiritual vivirán para siempre. ¡Qué maravilloso es llegar a casa y oler el aroma del pan recién horneado! Pero aún mejor es Jesús, nuestro verdadero Pan de Vida, quien sacia nuestra hambre espiritual con vida eterna.

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Sanación en el Camino

Written By

Mike Wallace is the senior spiritual advisor for the Colorado Springs CoG7 and leader of the Montana Fellowship of the CoG7. He is an elder in the Church of God (Seventh) Day and serves a territory about the size of Ukraine. Mike and his wife, Bonnie, reside in Florence, MT. They have five children and six grandsons. On occasion, Mike has been known to raise a sheep or two.

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