Fuera de Egipto

FacebooktwitterredditpinterestlinkedinmailReading Time: 6 minutes

Mi nombre es Ashraf Khalil, pero todos lo que me conocen me llaman Ash.

Nací en el Cairo, Egipto, en agosto de 1969. Mi familia eran Cristianos Copto Ortodoxos. Ellos trabajaban duro y eran bien educados. Yo fui el primer hijo y nací cuando mi padre tenía 51 años de edad. Exactamente un año después nació mi hermano. Mi madre no sobrevivió el parto, así que mi padre enfrentó la vida como viudo y padre soltero.

Trasladándonos a EUA

La vida era dura para los cristianos en Egipto. Ellos eran perseguidos más y más por los musulmanes, y toques de queda se imponían sobre la gente. Así que cuando yo tenía 7 años de edad mi padre decidió que necesitábamos salir de allí. Como yo era niño, todo lo que yo sabía era que íbamos muy lejos.

Nos trasladamos a Long Island, New York, y nos quedamos con mi tío y su familia por más de dos años. El impacto cultural me golpeó muy duro, y olvidé cómo leer y escribir en árabe.

Después nos trasladamos a New Jersey. Experimenté el prejuicio de parte de los estudiantes en la escuela pública a raíz de mi lugar de origen. En una ocasión unos muchachos me acosaron queriendo pelear. Uno de ellos me escupió en la cara. Un joven de baja estatura se interpuso entre nosotros y les dijo que me dejaran en paz, y ellos lo hicieron.

Mi padre quería irse de New Jersey y conocer a un hombre llamado Oral Roberts. Él le había visto en la TV y se sentía intrigado por este hombre. Él me preguntó dónde era que Oral Roberts vivía, y le señalé hacia un estado llamado Oklahoma en el mapa. Así que partimos para Oklahoma.

Cuando llegamos, de inmediato fuimos donde Oral Roberts estaba. Las grandes esperanzas de mi padre fueron muy cortas. Teníamos poco y pronto obtuvimos un apartamento en viviendas de bajos ingresos en la parte norte de Tulsa. El área era extremadamente pobre y estaba infectada de drogas y pandillas.

Mi hermano y yo asistíamos a la escuela primaria Católica que estaba directamente al otro lado de la calle de nuestro apartamento. Había una misión allí atendida por monjas quienes gustosamente nos ayudaron a salir adelante. No había ninguna iglesia cóptica, así que asistimos a la iglesia católica que estaba adjunta a la escuela.

Mi hermano y yo nos convertimos en monaguillos. Fue allí donde tuve mi primer empleo durante el verano haciendo trabajos ocasionales alrededor de la escuela y ayudando en el jardín de la misión.

Despertamiento

Un anciano maravilloso de nombre Mr. Curtain fue mi maestro de oratoria. Yo era un muchacho tímido y gordo, pero él parecía estar dispuesto a enseñarme. Después de un tiempo, él me inscribió en un concurso de oratoria, y llegue al primer lugar junto con otro estudiante. Eso me dio la confianza de hablar en público.

Después de algún tiempo, el sacerdote de la iglesia me puso a exponer la Palabra de Dios a la congregación durante la misa del domingo. De verdad que me gustó hablar de la Palabra allí. Vivimos en esa área hasta que me gradué de la escuela preparatoria Bishop Kelley en 1986 a la edad de 16 años.

Entré a la Universidad de Tulsa a la edad de 16 con una beca académica, con becas correspondientes de T.U. y la diócesis católica. Me gustaba aprender y estudiar duro. Pero me involucré en muchas cosas pecaminosas durante los años universitarios. El hecho que una escuela es privada no significa que sea cristiana.

Durante estos años conocí a una amiga que me abrió los ojos a los errores de la iglesia Católica. Ella me enseñó acerca de muchas prácticas paganas, y que la adoración en domingo no era bíblica, etc. Entonces visité al sacerdote y le presenté estos argumentos. El me informó que nosotros teníamos que seguir lo que el papa y el obispo decían. Allí me di cuenta que yo estaba siendo preparado para el sacerdocio. No podía estar de acuerdo con él.

Separación

Dejé pues la iglesia Católica, a muchos amigos, y todo lo que sabía. Después de esto, mi beca fue revocada, así que tuve que retirarme de la escuela después de mi segundo año. Mi padre me repudió y se enojó conmigo por dejar la iglesia y abrazar nuevas creencias. Fui pues forzado a dejar su casa en malos términos. Seguí amándole y perdoné a mi padre por lo que había hecho, y también hice un constante esfuerzo por visitarlo. También le ayudé con sus necesidades, especialmente a su avanzada edad puesto que le amaba.

Tenía tres trabajos y traté de ingresar a un colegio comunitario por la noche para terminar mi licenciatura, pero resultó ser demasiado para mí. Conseguí un buen trabajo en una compañía con muchas perspectivas de crecimiento y rápidamente escalé en la compañía.

Futuro nuevo

Asistía a la iglesia Adventista del Séptimo Día cuando conocí a Heidi Weeks, quien vendría a ser mi esposa. Me sentía profundamente enamorado de ella. Ella era todo lo que yo deseaba. Comencé a preguntarle lo que ella creía y a que iglesia asistía. Ella me dijo que guardaba el sábado y asistía la Iglesia de Dios (Séptimo Día).

No pudimos encontrar algo en lo cual nos contradijéramos en la Biblia. Heidi entonces me hizo ver que estaba asistiendo a la iglesia equivocada y que yo no era realmente un Adventista (yo ni siquiera creía en Ellen White). Nos casamos después de obtener la bendición de sus padres, unos meses después.

Después de estar casado por un par de años, me involucré en la iglesia, pero internamente algo estaba mal. Yo sabía todas las respuestas correctas y las creencias, pero algo hacía falta. No me daba cuenta que en realidad yo era un hipócrita.

Susto de muerte

Después de un corto tiempo, me enfermé de muerte con una colitis ulcerosa. Varios doctores trataron muchos medicamentos, pero nada funcionaba. Me puse débil y frágil. Comencé a desmayarme en el trabajo y en la casa, y finalmente me dieron cuatro meses de vida.

La única alternativa a la muerte era tener una cirugía importante. El doctor dijo que tenía cincuenta por ciento de probabilidades de sobrevivir y que lo más probable era que no pudiera ser padre después de eso. (Hasta este momento sólo teníamos un hijo.) No podía entenderlo. Ya había estado sano, hacía ejercicio y levantaba pesas.

Después de que dos cirujanos realizaron una cirugía de cuatro horas, desperté con mucho dolor y humillación. Me sentía tan vacío. No quería verme a mí mismo, ni a nadie, especialmente a los hermanos de la iglesia. Cuando ellos venia a visitarme al hospital, yo presionaba mi “botón de escape” (medicina para el dolor) para que me pusiera a dormir y así no tener que atenderlos. Sentía que mi vida había terminado.

Verdadera Curación

Estuve en el hospital en recuperación por algún tiempo. Un amigo de la iglesia vino a verme y me trajo alimento para que comiera. Mientras comía él sacó una casetera y una caja pequeña — la Biblia en casetes. Nuevamente apreté el “botón de escape” y le dije que la pusiera a un lado de mi cama. Mi esposa vino y me trajo mi Biblia, y también le pedí que la pusiera a un lado.

Estando solo esa noche buscaba en la TV algo para satisfacerme, todo en vano. Tomé la Biblia en casetes y la seguí a medida ésta corría. Escuché y leí las cartas 1, 2, y 3 de Juan. Esa noche, por primera vez en mi vida vi quién era Jesús. La Palabra de Dios llenó mis oídos y mi corazón. Me arrepentí allí entonces de mis pecados y le pedí perdón a Dios, y prometí servirle todos los días de mi vida. Finalmente sentí plena esperanza y un sentido de significado. Estuve perdido pero fui encontrado, estuve ciego pero ahora podía ver. Estuve muerto y ahora vivo — hoy y para siempre.

Cuando la enfermera vino a la mañana siguiente y me dijo que era hora de comer, yo le dije que estaba lleno. Ella no entendió que algo en mí era más importante que el simple alimento. Mi esposa también vino y notó que estaba feliz. Le dijo todo lo sucedido, y le agradecimos a Dios por Su gracia y misericordia, y por salvarme en más de una manera.

Cargas y bendiciones

Ciertas cosas interesantes sucedieron después de eso. Primero, mi padre falleció. Eso me afectó severamente. Él era todo lo que yo tenía en relación a mi familia biológica cercana. Luego tuvimos un incendio en nuestra casa que acabó con el cuarto donde tenía mis libros, la computadora, la ropa, la mesa de billar, y un escritorio hecho a mano. ¡Gracias a Dios mi familia estaba a salvo! Lo único que no se quemó, pero se chamuscó por fuera, fue mi Biblia.

Después murió mi valioso perro. Me di cuenta que todos mis ídolos y las cosas que consumían mi tiempo habían sido derribadas. Regrese pues a la pura Palabra de Dios, y nada más. También necesitaba pasar más tiempo de calidad con mi familia.

Cuando Dios hace discípulos, Él los quebranta y purifica primero. Creo que todas estas cosas que me sucedieron fueron obra de Dios para acercar hacia Él a un hijo descarriado.

Las bendiciones de Dios no se detuvieron allí. Mi esposa y yo fuimos bendecidos con cuatro hijos más. Un total de cinco después de mi cirugía — todo debido a la fidelidad de Dios para mí. Sin Jesús en mi vida yo no tendría una vida real ni ahora ni en la eternidad. ¡Le agradezco a Dios por Su amorosa y maravillosa gracia hacia un egipcio como yo!

Así que, ¿Sigue llamando Dios a Sus hijos para que salgan de Egipto? ¡Más vale que lo crea! Si Él me llamó para que saliera, también le puede llamar a usted. Si hubo esperanza para mí, también la hay para usted en la persona y obra de Jesucristo. Pero, después de salir de Egipto, ¿desaparecen los deseos, la lujuria y los pecados? Ruego para que todos un día, por la gracia de Dios, la fe en su Hijo Jesús, y el poder de su Santo Espíritu, podamos decir, “¡Sí y amén!” ¡A Dios sea toda la gloria que se merece!

Últimas entradas de Ash Khalil (ver todo)
Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail