Las Genealogías y Jesús

por Brian Franks

Las genealogías parecen ser una de las partes más difíciles de la Biblia para que la gente se interese en ellas. Afortunadamente, no aparecen con mucha frecuencia. Sin embargo, he notado que cada vez que aparece una genealogía, algo trascendental está sucediendo.

En Génesis 10, las genealogías describen la expansión de la humanidad por todo el mundo. Nos ayudan a ver las conexiones entre los diferentes grupos de personas e introducen a todas las tribus que seguiremos a lo largo de la Biblia. Las genealogías sirven como lista de personajes para una obra de teatro.

Muchos lectores de la Biblia se saltan las genealogías en 1 Crónicas 1-9. Sin embargo, estas listas presentan a los ancestros de Israel y a todas las líneas reales activas desde David, en un momento en que la nación luchaba por mantener su identidad durante el exilio babilónico. Así es como el Cronista decide comenzar a narrar la historia de Israel a los exiliados y a las generaciones posteriores. Las genealogías marcan de dónde venían, quiénes eran y quiénes aún podían llegar a ser. Ellas hablan a un pueblo que busca su identidad y espera al Mesías prometido.

Hijo de David

Otra genealogía da inicio al Nuevo Testamento. ¿Por qué? Porque, nos guste o no, las genealogías son importantes. Mateo establece la conexión fundamental entre el Antiguo Testamento y el Nuevo con la genealogía del Mesías. Esto constituye una de las pruebas más cruciales de que Jesús podría ser el Mesías, ya que proviene del linaje real del que, según las profecías, vendría el Mesías. La genealogía es algo que ninguna persona puede controlar.

Mateo sienta las bases con la primera de muchas conexiones que prueban que Jesús es el Mesías que el mundo estaba esperando. Más que eso, el orden de la genealogía de Mateo “predica”. Él divide la genealogía en tres grupos de catorce nombres. Ni siquiera hay que contar para darse cuenta de ello; Mateo lo afirma allí mismo, en el texto (1:17). Él establece una conexión explícita entre David y Jesús. ¿Cómo? En la numerología hebrea, cada letra del alfabeto tiene un valor numérico correspondiente. El nombre hebreo de David es D-V-D, siendo D la cuarta letra y teniendo ese valor, mientras que V es la sexta letra y tiene ese valor.

Así, 4 + 4 + 6 = 14. Jesús es la decimocuarta generación después del Exilio en esta línea. Sin embargo, para reducir la lista de reyes a solo catorce, Mateo omite siete nombres completos: Ocozías, Atalía, Joás, Amasías, Joacaz/Salum, Joacim/Eliaquim y Sedequías/Matanías.

Puntos teológicos

Antes de que griten, “¡Traidor!”, como hizo Atalía, Mateo no intenta ocultar la discrepancia ni espera que su público original no se dé cuenta. Por supuesto que se darán cuenta. Conocían las listas de reyes y podían consultar los registros de los libros de Reyes y Crónicas en caso de no recordarlos.

Si bien naturalmente hay catorce generaciones desde Abraham hasta David, y desde el Exilio hasta el Mesías, en realidad hay veintiuna generaciones desde
David hasta el Exilio. Al omitir siete nombres de dos grupos de reyes, Mateo expone un punto teológico. Su público se da cuenta de que la omisión de los nombres llama aún más la atención sobre el punto en cuestión.

En lugar de que Mateo reescribiera la genealogía a su antojo, lo que hizo fue omitir los dos períodos más inestables del reino. El primer grupo de nombres omitidos coincide con el colapso de la casa de Acab en Israel y la complicidad de la monarquía de Judá con esa casa maldita. Incluye el reinado ilegítimo de la reina Atalía y el vergonzoso final del reinado de Joás (con la ejecución de sacerdotes justos, que también eran sus parientes).

El segundo conjunto llega con el período desestabilizado de los hijos y familiares del rey Josías, que gobernaron después de su muerte. Algunos gobernaron sólo por poco tiempo, otros fueron atados y llevados al exilio, y algunos desobedecieron los mandatos directos de Dios. Con estas omisiones, Mateo no oculta a estos reyes ni sus historias. Él está enfatizando su infidelidad y eliminando sus nombres de su presentación y, al hacerlo, reduce la lista a catorce reyes. Incluso algunos de los que se mantienen en la lista no eran tan buenos.

Este es un ejemplo interesante porque muestra que los escritores de la Biblia veían las genealogías no solo como una lista de nombres aburridos, sino como una forma de exponer puntos teológicos. Incluso el Cronista lo hace, cuando primero se dice que David es el octavo hijo de Isaí, pero 1 Crónicas 2:15 lo presenta como el séptimo hijo. Sabemos que en realidad es el octavo hijo (cf. 1 Samuel 16:10). Pero al cambiar su orden de nacimiento en la genealogía, el Cronista enfatiza el papel de David como ejemplo preeminente de un rey. De nuevo, los lectores sabrán que es el octavo, pero notarán el cambio y considerarán las implicaciones. Esto sin mencionar el uso que hace Lucas de una genealogía en su Evangelio y los puntos teológicos que expone con ella (3:23-38). Pista: Piense en dónde comienza y termina Lucas su lista.

Una genealogía de dos

La Biblia contiene otra genealogía importante. Como resultado de lo que Jesús Mesías ha hecho, aquellos que creen y siguen Sus mandamientos se convierten en hermanos y hermanas adoptivos de Cristo. Son coherederos con Él (Romanos 8:17; Gálatas 4:7) y por tanto, hijos e hijas de Dios. Independientemente de dónde venga una persona, si cree, es adoptada en la familia y encuentra su nueva genealogía a lo largo de la Biblia: hijos e hijas del Dios Altísimo, hermanos de Cristo.

Si está cansado de las largas listas de nombres que ve en las otras genealogías, esta tiene sólo dos niveles de profundidad. Como solía decirme un querido miembro mayor de mi congregación: “Dios no tiene nietos, sólo hijos”.

Aunque puede llevar algo de estudio y tiempo darse cuenta de este tipo de detalles, la recompensa es enorme. Cada genealogía tiene su propósito en la Biblia. Aquellos que creen también pueden encontrar su genealogía en la Biblia, viviendo su vida para Dios, no una deidad lejana e impersonal, sino Abba Padre.

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Algo Especial en Ese Nombre

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Brian Franks serves as co-director and dean of Academic Affairs for Artios Christian College. Brian is a graduate of LifeSpring School of Ministry (predecessor to Artios). He has served as an instructor for Artios and holds a master?s in Education in Online Curriculum and Instruction and a master?s in Divinity. He is married and has four children.

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