Interrupciones Divinas

Cuando el reino se cruza con la vida.

por Moises Capetillo

Existe un patrón en los Evangelios que resulta imposible de ignorar una vez que se percibe: Jesús rara vez se encuentra con las personas cuando la vida les resulta cómoda. Se encuentra con ellas cuando están ocupadas, quebrantadas, distraídas o desesperadas, y entonces lo interrumpe todo.

El reino de Dios no llega discretamente, pasando desapercibido en el trasfondo de la vida de las personas. Irrumpe en medio de los momentos cotidianos y lo reorganiza todo.

Simón y Andrés no buscaban un Mesías cuando Jesús los llamó. Estaban trabajando —lanzando las redes, ocupándose de su sustento— cuando Jesús les dijo: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres” (Marcos 1:17). Las Escrituras dicen: “Y dejando luego sus redes, le siguieron” (v. 18).

El reino no esperó a que estos hombres terminaran su jornada. No pidió un momento más oportuno. Interrumpió — e invitó. Este patrón se repite una y otra vez.

Leví estaba sentado en su puesto de recaudación de impuestos cuando Jesús pasó y le dijo: “Sígueme” (2:14). Una mujer que había atravesado una tormenta matrimonial se encontraba junto a un pozo, intentando cumplir con una de sus muchas tareas diarias, cuando una rutinaria ida a buscar agua se convirtió en un encuentro que transformó su vida (Juan 4:4-30). El ciego Bartimeo gritaba a la orilla del camino cuando Jesús detuvo todo para escucharlo (Marcos 10:46-52).

Ninguno de estos encuentros estaba programado. Ninguno resultó cómodo. Pero todos fueron transformadores. El reino de Dios irrumpió en sus vidas, y nada volvió a ser igual.

Sin permiso

Una de las cosas más desafiantes del ministerio de Jesús fue que no esperó a que se dieran las circunstancias ideales. Él salía al encuentro de las personas en medio del caos, el dolor, el pecado, la confusión y el ajetreo.

Interrumpió funerales (la viuda de Naín, Lucas 7:11-15).

Interrumpió cenas (Zaqueo recibiendo a Jesús, 19:5-10).

Interrumpió jornadas de pesca (la barca, las redes y el llamado de Pedro, 5:1-11).

Interrumpió rutinas religiosas (una sanación en la sinagoga en día de reposo, Marcos 3:1-5).

Interrumpió tareas cotidianas (Leví en su trabajo, 2:14).

Y cada interrupción conllevaba una invitación: Sígueme.

A menudo oramos para que Dios actúe, pero rara vez consideramos que, cuando lo hace, ello puede trastocar nuestras vidas, tan cuidadosamente organizadas. Nos agrada la idea de la transformación, pero no el proceso. Sin embargo, el reino de Dios no llega como una sugerencia; llega como una declaración. Jesús no dice, “Considérame”; dice, “Sígueme”. Y eso lo cambia todo.

Interrupción y gracia

A veces interpretamos las interrupciones divinas como inconvenientes. Pero en los Evangelios, la interrupción es gracia.

El paralítico fue interrumpido por unos amigos que abrieron un hoyo en el techo (Marcos 2:1-12).

El funeral en Naín fue interrumpido en medio del duelo (Lucas 7:11-15). La mujer sorprendida en adulterio fue interrumpida en plena persecución (Juan 8:1-11). Zaqueo fue interrumpido en medio de su curiosidad (Lucas 19:1-10). Los discípulos fueron interrumpidos en plena carrera profesional. Cada una de estas interrupciones se convirtió en una puerta hacia la transformación.

Jesús nunca se disculpó por interrumpir la vida de las personas. Las interrumpía porque las amaba. Y todavía lo hace.

A veces nos interrumpe con convicción (los acusadores, al ser confrontados; Juan 8:7-11). A veces con un llamado (“Sígueme”; Marcos 1:17, 18). A veces con incomodidad (el costo de seguirle; prioridades trastocadas; Lucas 9:57-62). A veces con una compasión que no podemos ignorar (misericordia hacia las multitudes; Mateo 14:13, 14).

Cuando el reino nos interrumpe

Si somos honestos, muchos de nosotros deseamos las bendiciones del Reino sin la irrupción del Rey. Queremos paz sin rendición, sanidad sin vulnerabilidad, propósito sin obediencia, éxito sin sufrimiento y perdón sin arrepentimiento.

Pero Jesús no ofrece una mejora en nuestro estilo de vida; Él ofrece una vida nueva.

Seguirlo implica ceder el control. Implica dejar las redes. Implica alejarse de los puestos de cobro. Implica clamar cuando otros nos dicen que guardemos silencio. Implica despojarnos de todo peso que nos enreda (Hebreos 12:1).

El reino nos interrumpe porque nos ama demasiado como para dejarnos tal y como estamos.

Respuesta inmediata

La vida con Jesús puede que no sea predecible, pero siempre tiene un propósito.

Así que, si Él te interrumpe, no silencies su voz. No le des al botón de “posponer” a tu llamado. No huyas del momento mismo que podría salvarte.

El reino no pide tu comodidad; te invita a entregarte por completo. Y al otro lado de esa rendición . . . está la libertad. La invitación exige una respuesta inmediata, tal y como ocurrió con los discípulos. La interrupción es ahora. Cuando el reino interrumpa tu vida, responde como lo hicieron aquellos primeros discípulos: de inmediato.

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Más Que Palabras

Written By

Moises Capetillo served the Church for several years in various roles under his father, Pastor Pedro S. Capetillo, in Houston, TX; Denver, CO; and Midland, TX. A recent graduate of Artios Christian College, Moises now resides in Albuquerque, NM, where he serves as the senior pastor of the Church of God (Seventh Day), alongside his wife, Victoria, and six children.Ê

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