Gracia y Fe: El Evangelio de Verdad

Parte 1

Examinando el único plan de salvación.

por Loren Stacy

L legará un momento en que nos encontraremos cara a cara con Dios. ¿Qué responderemos si Dios nos pregunta:  “¿Por qué debería dejarte entrar en Mi reino?“

La mayoría de la gente responde: “Soy una buena persona; ciertamente mejor que muchas personas que conozco”. Las personas religiosas suelen añadir: “Oro a Dios y voy a la iglesia [o a la sinagoga, mezquita o templo]”. Los cristianos podrían agregar: “¡Yo invité a Jesús a mi corazón y fui bautizado!”

La lista de razones continúa. Lamentablemente, todas estas respuestas son erróneas y nos excluirán del reino de Dios. ¿Por qué? Porque indican que confiamos en nuestros propios esfuerzos, en lugar de confiar únicamente en la obra plenamente suficiente de Jesucristo. Consideremos lo que dice Jesús en Mateo 7:22-23:

“Muchos me diránen aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?” Entonces les declararé: “Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.

Gracias a Dios, existe una respuesta que abrirá de par en par las puertas del reino de Dios a toda persona que pueda afirmarla con sinceridad. Se expresa en Efesios 2:8, 9: “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

Salvos por gracia

Comencemos examinando detenidamente la primera parte de Efesios 2:8: “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe”.

En esta importante frase, el sujeto es ustedes y la locución verbal es han sido salvados. Esta es la esencia de la oración: “Han sido salvados”. Nótese que la locución verbal está en voz pasiva. Si estuviera escrita en voz activa, indicaría que el sujeto ha actuado: “Ustedes se salvaron a ustedes mismos”. Pero la voz pasiva indica que algo o alguien ha actuado sobre el sujeto. En otras palabras, algo o alguien distinto a ustedes los ha salvado.

Esto plantea interrogantes: ¿Cómo he sido salvado? Si no soy salvo por algo que hice o estoy haciendo, ¿qué o quién me salvó?

Dos frases preposicionales responden a estas preguntas. Por gracia y por medio de la fe nos indican que la gracia es la causa de nuestra salvación y que la fe es el medio por el cual recibimos dicha salvación. La frase completa nos dice claramente que no nos hemos salvado a nosotros mismos.

Profundicemos un poco más. Gracia significa algo bueno que hemos recibido de Dios y que no merecemos. Un favor inmerecido. El apóstol Pablo enfatiza que cualquier cosa que hayamos ganado, cualquier cosa que realmente merezcamos, no puede ser gracia: “Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia” (Romanos 11:6).

Por lo tanto, nuestra frase debe entenderse así: “Por el inmerecido, no ganado y no merecido favor de Dios han sido salvados”.

Creyentes, nosotros no somos la causa de nuestra salvación. ¡Dios es!

Por medio de la fe

El medio por el cual un verdadero creyente recibe la gracia de Dios es la fe. En el Nuevo Testamento, la fe suele traducirse de la palabra griega pistis, que significa una firme persuasión o una convicción inquebrantable respecto a Dios o a asuntos espirituales relacionados. Los sinónimos en el Nuevo Testamento son creer y confiar. La fe mediante la cual los verdaderos creyentes han sido salvos es una confianza absoluta — confianza en la Palabra y las promesas de Dios, y confianza en Jesucristo y en lo que Él ha hecho.

Así, la Palabra de Dios nos dice: “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe”. ¡El resto de Efesios 2:8-9 nos dice aún más! “y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

La primera frase nos indica que los verdaderos creyentes no somos salvos porque nos lo hayamos ganado o porque lo merezcamos. Nuestra salvación es el resultado de la buena obra de Dios, no de nuestras buenas obras. Pero ahora, en esta segunda frase, Pablo recalca ese punto con tres golpes contundentes: 1) “Y esto no procede de ustedes”. 2) “Sino que es don de Dios”. 3) “No por obras”. ¿Por qué? “Para que nadie se gloríe”.

Dios desea y merece todo el mérito de nuestra salvación. ¿Por qué? Porque si hemos sido salvos, Dios —y solo Dios— nos ha salvado. No es de extrañar que Cristo rechace a los muchos que le llamarán “Señor, Señor” y luego enumerarán sus propios logros como si merecieran el reino de Dios. Cuando estemos ante el tribunal de Cristo, ¡no debemos hacer eso!

“Bueno”, preguntan muchos, “¿acaso no recibo mérito por mi fe, por creer en Cristo? Yo elegí a Jesús y le invité a entrar en mi corazón. Mucha gente nunca hace eso, ¡pero yo sí! ¿No recibo mérito al menos por eso?”

En realidad, no. Observe los dos pronombres, esto y es cerca del final del verso 8: “Y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios”. ¿A qué se refieren esto y es? Gramaticalmente, no se refieren solo a la gracia ni solo a la fe, sino a todo el proceso de ser salvo por la gracia de Dios mediante la fe. Nuestra salvación no es algo que hayamos logrado nosotros, sino un regalo de Dios.

Antes de porque

Hay una última palabra en Efesios 2:8, 9 que debemos discutir — la primera palabra en el verso 8: porque. El verso comienza: “Porque por gracia ustedes han sido salvados . . . ”. Gramaticalmente, porque sirve como una conjunción que conecta los versos 8-10 con los versos 1-7. Así que veamos Efesios 2:1-7 comenzando con los versos 1-3:

Y Él les dio vida a ustedes, que estabanmuertos ensus delitos y pecados,en los cuales anduvieron en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.Entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendolos deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Esta era nuestra condición antes de que Dios nos salvara. No estábamos espiritualmente enfermos; ¡estábamos espiritualmente muertos! Éramos incapaces de cambiarnos, incapaces y desinteresados en elegir a Dios, siguiendo al Maligno y nuestras naturalezas caídas. Éramos “por naturaleza” hijos de la ira como el resto de la humanidad caída.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia ustedes han sido salvados), y con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de Su gracia por Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús (vv. 4-7).

Esto es lo que Dios hizo para salvarnos. Nos levantó de la muerte espiritual a la vida espiritual en Cristo. Efesios 2:8, 9 de nuevo:

Porque por gracia [gracia de Dios] ustedes han sido salvados por medio de la fe [una confianza plena en Cristo que Dios creó en ti], y esto [tu salvación por la gracia de Dios, mediante una fe dada por Dios ] no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no porobras, para que nadie se gloríe

En estos versos encontramos todo el mensaje del evangelio. ¡Dios nos ha salvado! Dios nos ha salvado de Sí mismo, por Sí mismo y para Sí mismo. Toda la gloria es para Dios.

Respuesta correcta

En Juan 11, encontramos una conversación entre Jesús y Marta. Después de exponer el evangelio, Jesús le pregunta a Marta: “¿Crees esto?” (v. 26).

Esa es una pregunta que todos debemos responder a la luz de Efesios 2:8-9. ¿Creemos que nuestra salvación es un regalo de Dios y no el resultado de nuestras propias buenas obras? ¿O confiamos en las buenas obras además de en Cristo —en lo que hacemos o dejamos de hacer, en lo que creemos o dejamos de creer?

Si creemos que somos salvos por la fe en Cristo y por nuestras buenas obras, entonces no creemos en Efesios 2:8-9. Si eso es así, es posible que temamos en secreto no ser salvos, no haber hecho lo suficiente o no haber sido lo bastante obedientes; que temamos estar siendo pesados ​​en la balanza de la justicia de Dios y hallados faltos.

Pero si confiamos únicamente en Cristo y creemos verdaderamente en Efesios 2:8, 9, nuestras dudas y temores respecto a la salvación eterna serán reemplazados por confianza y gozo en Cristo. Si Dios nos preguntara por qué debería dejarnos entrar en Su reino eterno, la respuesta correcta sería esta: “Solo porque Jesús ha pagado la pena por mis pecados. He sido salvo por Tu gracia, mediante la confianza plena que me has dado en Jesucristo, mi Señor”.

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