por Marcia Sanders
¡Abuela, creo que a Tomás le tocó la peor parte!” exclamó David.
La abuela de David sonrió. “¿Por qué dices eso?”
“Bueno, le pusieron el apodo de ‘Tomás el incrédulo’, pero los demás también dudaron. Estaba leyendo sobre la Resurrección en los Evangelios y ninguno de los discípulos creyó que Jesús había resucitado cuando las mujeres se lo dijeron”.
“¿Qué opinas de eso?” preguntó la abuela.
“Bueno,” reflexionó David”, supongo que su fe no era lo suficientemente fuerte. Pero habían visto a Jesús resucitar a Lázaro de entre los muertos. Y Jesús les había dicho que pasaría tres días en el sepulcro. Así que, ¿no debería haber sido fácil creer, ya que habían estado con Jesús cuando hizo esas cosas y les enseñó todo eso?”
“¿Alguna vez has escuchado con atención la lección de tu maestra, pero luego te das cuenta de que no recuerdas todo lo que dijo durante la clase?” preguntó la abuela.
David hizo una mueca. “Si. Me pasa seguido”.
“Ahora piensa en cuánto estaban aprendiendo los discípulos de Jesús, en cuántas ideas nuevas compartía Él. ¿Es razonable pensar que tal vez olvidaron algunas de las cosas que Él les había enseñado?”
“Supongo que sí,” admitió David. “Pero, ¿qué hay de todos los milagros que vieron, incluso cuando resucitó a Lázaro? ¿No debería eso haberles indicado que era posible?”
“¿Y quién hacía todos esos milagros?” preguntó la abuela.
Eh. . . . Jesús,” murmuró David. “Ya veo a dónde quieres llegar. Dependían de Jesús para hacer los milagros y lo habían visto morir de una forma horrible, así que probablemente perdieron un poco la esperanza.”
La abuela sonrió. “Creo que es una suposición acertada. Todo era muy nuevo para los discípulos. Habían seguido fielmente a Jesús y habían creído todo lo que Él les enseñaba. Pero cuando se quedaron solos — o eso creían ellos — sintieron miedo y perdieron el rumbo”.
“Tal vez su propia fe no se había desarrollado realmente , dijo David. Dependían más de lo que realmente podían ver”.
“Es como un bebé que vive del cuerpo de su madre antes de nacer , le explicó su abuela. Luego, después del nacimiento, el bebé tiene que vivir independientemente de ella. Hebreos 11:1 dice que la fe es la evidencia de las cosas que no se ven. Los discípulos estaban profundamente inmersos en la parte de lo ‘no visto’. ¿Cómo cambiaría eso las cosas?”
“Bueno, no podían depender de ver a Jesús enseñar o realizar un milagro. Tenían que creer que sucedería lo que Él había dicho, aun sin entender cómo podría ocurrir. Supongo que eso debió haber sido realmente difícil”.
“Pero los discípulos aprendieron de su error”, le recordó la abuela a David. “Piensa en todo lo que sucedió en el resto del Nuevo Testamento. Qué gran fortaleza demostraron en su fe al llevar el evangelio a otros lugares, incluso cuando eso implicaba ser perseguidos por lo que enseñaban”.
“Supongo que esa es la parte importante, ¿no crees?” David sonrió. “Nuestra fe crece cuando admitimos nuestros errores y aprendemos de ellos”.

