Bienvenidos a la Esperanza

Esperanza. La quiero. La busco. Intento aferrarme a ella cuando la encuentro. Canto, enseño, saludo, escribo y escucho a los pastores pronunciar palabras de esperanza. Pero, en realidad, la esperanza ha sido esquiva desde el principio de los tiempos.

Adán y Eva comieron el fruto prohibido y fueron expulsados del Jardín del Edén. Caín mató a Abel y fue expulsado de su tierra. Los hermanos de José lo traicionaron y lo vendieron como esclavo. El pueblo hebreo soportó años de esclavitud egipcia. Los profetas del Antiguo Testamento advirtieron una y otra vez al pueblo de Dios sobre su infidelidad al Dios santo.

Si leo, veo o escucho las noticias actuales, el mundo sigue desprovisto de esperanza. Las personas se destruyen unas a otras con cualquier arma que posean, incluso con palabras llenas de odio. La enfermedad, el desastre, la muerte, los disturbios políticos y los disturbios económicos cruzan nuestras pantallas en una interminable letanía de infortunios. Los niños viven en hogares sin dirección, llenos de adicción, dolor, hambre y angustia. Personas de todas las edades sufren abusos tanto por parte de extraños como de sus cuidadores. La persecución de los cristianos ha resultado en la demolición de casas e iglesias, el encarcelamiento y la muerte.

El odio, los prejuicios, la codicia y la actitud de “yo primero” dominan las páginas de la historia.

¿Cómo peleo esta interminable lucha contra el mal? ¿Dónde encuentro esperanza y cómo ofrezco esperanza a un mundo desesperado?

Si miro en mi interior, no encuentro esperanza. Si confío en los que están en posiciones de autoridad, al final me van a defraudar. Mi esperanza apareció por primera vez en la forma y en el lugar más inesperados: a través de un bebé en un establo de Belén. En Jesús encuentro lo que tan desesperadamente deseo. Jesús dejó Su hogar en el cielo y entró a esta tierra turbulenta como un bebé para proporcionar la única esperanza genuina que perdura. Su regalo sigue estando disponible para todos los que se vuelven a Él en arrepentimiento y fe, incluidos los maltratadores, los drogadictos, los asesinos y los perseguidores. Romanos 5:8 me recuerda que “Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”.

Este no es el final. En cada prueba, recuerdo Romanos 12:12: “alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración”. Dios me da la fuerza que necesito para el sufrimiento presente, y me promete la eternidad con Él algún día. Por eso, como dice Miqueas 7:7, “Pero yo he puesto mi esperanza en el SEÑOR; yo espero en el Dios de mi salvación. ¡Mi Dios me escuchará!”.

Hace unos años, cuando el equipo misionero de jóvenes de mi iglesia se acercaba a su destino, un cartel les dio la bienvenida: “Bienvenidos a Esperanza”. Qué recordatorio tan apropiado para compartir el mensaje de esperanza hecho posible por Jesús. Cada día es una oportunidad para hablar a los demás de la fuente de la esperanza.

Cuando recibo amigos, especialmente estudiantes universitarios internacionales que nunca han oído la historia de Jesús, les ayudo a entender quién es Jesús y por qué vino. Invito a los visitantes que pasan la noche a unirse a nuestra devoción vespertina mientras leemos el mensaje bíblico de las buenas nuevas de Jesús. A pesar de todo lo que está mal en el mundo de hoy, quiero que sepan que nuestro Salvador ofrece esperanza a todos los que aceptan Su incomparable regalo.

Hoy y siempre, “Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).

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Diana C. Derringer is an author and writer for more than 70 publications, including The Upper Room, The Secret Place, Clubhouse, Missions Mosaic, and several anthologies. In addition to writing Christian radio drama for Christ to the World Ministries, Diana has written and presented drama for local churches and on mission trips in the United States, Russia, Poland, and Hong Kong. She and her husband serve as a friendship family for international university students, which has led to her devotional blog at https://dianaderringer.com. Diana lives in Campbellsville, KY.

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