Sea el Puente

La historia recordará al año 2020 como ningún otro. Su pandemia global, la recesión económica y los disturbios civiles por la injusticia racial son diferentes a todo lo visto en la era moderna.

Esto amerita hacer una pausa para reflexionar, especialmente por parte de los cristianos. Debido a que somos sal y luz en el mundo, nuestras acciones deben hacer que las personas glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:13-16), y la forma en que respondamos a los trastornos políticos y sociales actuales causará curiosidad a las generaciones futuras.

Por lo tanto, continuamos nuestra conversación sobre la reconciliación racial, precedida por dos artículos anteriores. En ellos utilicé la historia del colapso del Silver Bridge (Puente de Plata) de West Virginia en 1967 para resaltar la necesidad crítica de “personas puente”. Pasemos ahora a esa historia clásica en Juan 4 en la que una persona puente suprema, el Señor Jesús, está trabajando poderosamente.

Constructor de puentes

Aquí lo vemos construyendo un puente a través de una división racial y religiosa que había existido por siglos. En el año 722 a. C., los asirios invadieron el reino del norte de Israel y llevaron a muchos judíos al cautiverio babilónico. Sin embargo, solo se llevaron a los mejores, y mandaron a los asirios para mantener el control sobre los que se habían quedado. Esto llevó a que surgieran matrimonios mixtos, dando como resultado una raza mixta conocida como samaritanos.

Para empeorar las cosas, los samaritanos instituyeron un sistema de adoración separado, lo cual intensificó el odio de los judíos hacia ellos y provocó una tensión étnica y religiosa que duró unos ochocientos años. Para cuando Jesús entró en escena, las cosas se habían degenerado a tal punto que judíos y samaritanos no tenían nada que ver entre sí. De hecho, ¡los judíos llamaban perros a los samaritanos!

Por eso el encuentro de Jesús con la mujer samaritana es tan extraordinario. No solo inicia una conversación con ella, sino que le pide algo de beber (v.7). Esto la toma desprevenida, se nota en su respuesta (v.9). En el lenguaje de hoy, ella le pregunta a Jesús: “¿No sabes que no tomamos de la misma fuente de agua?”

Sin embargo, con amor y ternura, Jesús atraviesa sus prejuicios y estereotipos capa por capa. La mujer pronto se da cuenta de que no es una persona judía común y corriente (v.19). Finalmente, reconociéndolo como el Mesías, se apresura a regresar a su vecindario para llamar a familiares y amigos para que “vayan a ver a un hombre” que ha cambiado radicalmente su vida (vv. 28-30).

Esto no resolvió de inmediato el conflicto de siglos entre judíos y samaritanos, pero creó una nueva oportunidad para la sanidad y la reconciliación. Eso es lo que hacen las personas puente, y aquí Jesús nos muestra cómo hacerlo.

Principios con temor a Dios

Note la intencionalidad audaz de Jesús. Él va camino a Galilea (v. 3) pero elige viajar por Samaria (v. 4). Él hace todo lo posible para conocer a esta mujer, lo cual requiere que tenga que cruzar una línea fronteriza social y étnica que ha mantenido a las personas separadas durante demasiado tiempo.

Para nosotros, esto podría significar cruzar la habitación o cruzar la calle hasta la casa de los vecinos, o iniciar una conversación en el supermercado, en la escuela o tal vez en la iglesia. Un recurso útil para iniciar estas conversaciones es un libro que recomiendo ampliamente titulado Be the Bridge: Pursuing God’s Heart for Racial Reconciliation (Sea el Puente: En Pos del Corazón de Dios Para la Reconciliación Racial), de Latasha Morrison.

Morrison, una mujer negra, experimentó una creciente inquietud sobre la desconexión histórica y cultural dentro de los entornos mayoritariamente blancos en los que trabajaba, tanto en la América corporativa y como miembro del personal de una iglesia cristiana. Descubrió que “pocas personas entendían la historia de la América negra, y mucho menos entendían las implicaciones completas del pasado discriminatorio de nuestro país”. También descubrió que muchos de sus “amigos no blancos” apreciaban poco o nada la ineptitud de los blancos en este sentido. Esto inspiró a Morrison a construir un puente entre estos dos mundos, que se convirtió en un movimiento. Ahora se fomenta la reconciliación a medida que las personas se unen en una postura de humildad en torno a los recursos de Be the Bridge (Sea el Puente).

Jesús no solo es intencional, también encuentra cosas en común: un lugar mutuamente aceptable para reunirse con la mujer. El pozo de Jacob (v. 6), con vínculos históricos que se remontan a Isaac y Abraham y un lugar que tanto judíos como samaritanos reclaman, ¡sirve como el lugar perfecto!

Encontrar un terreno común en el cual conectarse con personas que son diferentes a nosotros es fundamental en el trabajo de la reconciliación. Esto requiere centrarse en lo que compartimos en común: nuestras similitudes e intereses mutuos, no nuestras diferencias y desacuerdos.

Finalmente, Jesús se inclina hacia uno de los temas socio-políticos más candentes de Su época, atreviéndose a tomar Su posición en el lado correcto de ese asunto. Ese no es un asunto insignificante. Deshacer las barreras sociales y raciales nunca lo es, especialmente estas. La mujer samaritana es una marginada social. Algunos especulan que es por eso que ella va al pozo al mediodía (v. 6) en lugar de ir temprano en la mañana. Su accidentado pasado, incluidos cinco matrimonios rotos, la mantiene fuera del “grupo”.

Peor aún, ella es una samaritana y la coloca en el lado equivocado de las vías del tren. Pero a Jesús no le preocupa esa línea divisoria. Él sabe que la maldad del racismo solo hace que un mundo que ya está roto se rompa aún más y esto va en contra del Dios que hizo a toda la humanidad de una sola sangre (Hechos 17:26).

Jesús entra en el espacio de la mujer samaritana y afirma la belleza de la imagen de Dios en ella y le ofrece la salvación. Esto cambia su vida para siempre. El racismo es más que una cuestión de piel; en última instancia, es un problema de pecado, y el evangelio es su mejor cura. Lo que sucede cuando los aldeanos vienen corriendo hacia Jesús por la palabra de la mujer samaritana, Juan lo deja a nuestra imaginación. El impacto del amor incondicional y la aceptación a menudo es demasiado poderoso para las palabras. Imagínese la alegría, la sanidad, el efecto dominó.

Co-Misión

Jesús nos invita a hacer lo mismo en nuestros días, a unirnos a Él en Su gran misión en la tierra, capturado en esta hermosa frase: “¡Yo hago nuevas todas las cosas!” (Apocalipsis 21:5). Aquellos que lo hagan marcarán una gran diferencia en la crisis actual de nuestra nación.

Y no es complicado. Simplemente construya un puente. Mejor aún, ¡sea el puente! Después de todo, ¡usted es un líder y los líderes son personas puente!

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La Plenitud Haciendo Juntos el Ministerio

Written By

Whaid Rose, former president of the General Conference, is dean of the Artios Center for Vibrant Leadership and pastors the Newton, NC CoG7. He and his wife, Marjolene, live in Denver, NC.

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