Escondiéndose de Dios

Cuando el día comenzó a refrescar, el hombre y la mujer oyeron que Dios el Señor andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera (Génesis 3:8).

La Biblia habla de personas que se escondieron de Dios al principio (en Génesis) y al final (en Apocalipsis). En Génesis 3:8, Adán y Eva intentan eludir a su Hacedor tras haber escuchado una mentira y haber elegido desobedecerle. Se esconden de la presencia del Señor entre los árboles, temiendo la ira de Dios. De la misma manera, Apocalipsis 6:16, 17 habla de los hombres al final de los tiempos escondiéndose entre las rocas, temiendo la ira del Cordero.

Este acto de esconderse de Dios comienza como un distanciamiento en nuestra relación con Él. Desde Adán y Eva hasta los tiempos actuales, los seres humanos se han alejado de su Hacedor. Lo hacemos creyendo mentiras, permitiendo que el orgullo infle el ego y racionalizando actitudes y acciones. Evadimos a Dios a través de distracciones en nuestros teléfonos celulares y otros medios de comunicación. Las relaciones humanas podrían tomar más fuerza en nuestros corazones que nuestro amor por Dios y por lo tanto, desplazarlo. Si nos limitamos a cumplir con nuestras obligaciones, incluso las actividades de la iglesia y las rutinas de nuestra vida “espiritual” pueden interferir con tener una relación más profunda con Dios. Podemos mantener nuestra atención enfocada en todo menos en Dios. En última instancia, esto nos lleva a escondernos de Él.

Pero no tiene por qué ser así. Podemos presentarnos a Dios de forma voluntaria o involuntaria.

Después del arresto de Jesús, Pedro esperaba pasar desapercibido mientras permanecía cerca de donde estaban juzgando a Cristo (Mateo 26:69-74). Sin embargo, llamó la atención de una sirvienta y de otros espectadores. Como ya no podía pasar desapercibido, Pedro se negó a reconocer su relación con Jesús. No quería ser señalado como seguidor de Cristo.

Eventualmente, Pedro fue transformado por el poder del Espíritu Santo y habló con valentía de su Salvador. No hubo duda de que a partir de entonces, siguió a Cristo intencionalmente.

El área en donde Pedro no tenía la intención de presentarse a Dios, nosotros podemos ser intencionales. Cuanto más conectados estemos con Dios cada parte del día, más abiertos y transparentes serán nuestros corazones hacia Él.

La clave está en esconderse en Dios, no de Él. Así lo hizo el salmista David. Él habló honestamente con Dios sobre sus enemigos, sus pecados, sus miedos, sus penas. Cuando nuestras oraciones son libres y honestas, como las de David, sin contener preguntas, dudas y emociones negativas, somos transparentes con Dios.

Por lo tanto, no necesitamos escondernos de Dios por miedo al juicio, como hicieron Adán y Eva. Y no tendremos que escondernos como lo hará la gente al final de los tiempos. Podemos tener la confianza de David, en comunión con Dios:

Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación. Selah (Salmo 32:7, cf. 119:114).

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Grace Eggebeen lives in Covina, CA, and, with her husband, Jim, she co-leads a Sabbath afternoon Bible study in the Ontario, CA CoG7. After twenty-nine years, Grace retired from elementary school teaching. She likes to spend time with family and friends and enjoys hiking, church activities, attending concerts, going to the beach and botanic garden, and nature photography. Grace loves to read, especially historical fiction and biography. She also enjoys learning more about many topics, such as creation science, the Spanish language, and geography.

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