Muriendo Por Vivir

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De todas las damas que asistía como cuidadora privada, Bee era una de mis favoritas. Me encantaban muchas cosas de ella, incluso su dramática forma de ser. Cuando Bee experimentaba un síntoma que le daba problemas (fuera grave o no), soltaba un profundo suspiro y decía: “Bueno, si me muero, me muero”.

Bee no tenía miedo de morir, pero temía al proceso. Ella, como la mayoría de nosotros, esperaba que cuando llegara su momento, muriera pacíficamente mientras dormía. A los 97 años de edad, con su gran sentido del humor y su gusto sin fin por la vida, Bee no quería sufrir una muerte larga y prolongada.

A menudo he pensado cuánto me identifico con la actitud de Bee sobre la muerte, pero en un sentido espiritual.

El pecado puede tomar tal control sobre nuestras vidas. Además de las consecuencias que nosotros mismos tenemos que enfrentar debido a nuestras elecciones pecaminosas, ¿a cuántas personas también lastimamos cuando lo hacemos? Cuando finalmente decidimos abandonar el pecado o una tentación constante, pasamos un tiempo de sufrimiento hasta que finalmente morimos a ese deseo o comportamiento. Pero una vez que morimos a un comportamiento que no honra a Dios (como las adicciones), la inmoralidad sexual o los pecados “menores” (como los chismes), podemos elevarnos a una forma de vida diferente, una forma de vida mucho más satisfactoria. Una nueva vida que se parezca a la de Cristo.

El apóstol Pablo nos recuerda que cuando confiamos en la muerte de Jesús y morimos al pecado, experimentamos una nueva vida y el poder de una “resurrección como la suya”:

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección (Romanos 6:4, 5).

¿Consideraríamos confesarle a Dios, que nos ama poderosamente, un área específica con la que estamos luchando y pedirle que nos ayude a morir a ella? ¿Que nos ayude a separar nuestras pasiones pecaminosas de nuestros corazones que desean apasionadamente ser como Cristo? ¿Para que nos dé una probadita de cómo es la vida de resurrección?

Morir a los malos hábitos o comportamientos pecaminosos (que si somos honestos, nos gustan mucho) es doloroso. Afortunadamente, no tiene que ser un proceso largo, especialmente cuando compartimos nuestra lucha con un grupo pequeño o con alguien que nos ayude a mejorar. Estas personas nos ayudarán a mantener nuestros ojos en nuestro Salvador, incluso cuando las cosas empeoren. Se forma un vínculo maravilloso cuando te asocias con otros que también quieren vivir con todo para Cristo.

¿Qué pecado finalmente destruiremos con el poder del Cristo viviente que habita en nosotros? ¿Qué hábito destructivo venceremos en el nombre de Jesús para que podamos experimentar la novedad de la vida sobre la que hemos leído en la Biblia, o de los testimonios que hemos escuchado en la iglesia? Seguramente esas áreas de nuestra vida no valen ni una fracción de la alegría que experimentaremos una vez que lo hagamos.

Si morimos, morimos. Pero una vez que estamos realmente muertos al pecado, estamos realmente vivos.

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Sheryl Boldt has been published in numerous print and online publications, including Upper Room, Purpose, Christian Living in the Mature Years, War Cry, and Personal Titanic Moments. She serves as a guest Faith/Church columnist for several newspapers, such as The Tallahassee Democrat, The Wakulla News, and the Tifton Gazette. Read more from her on her blog www.TodayCanBeDifferent.net. Sheryl lives in Tallahassee, FL.