Las Comidas Compartidas y el Don de la Comunión

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Uno de los «dones» no reconocidos de las iglesias de Dios es la comunión. Para ser más específico, la comida. Lo que quiero decir es comer: comemos bien. ¡Y qué regalo tan glorioso es ese! ¿No está de acuerdo?

No es suficiente

Comer bien no es un don que debe tomarse a la ligera. Hace muchos años, mientras visitaba una iglesia, de improviso, fui invitada a una comida en una casa privada. Sin pensar en nada, acepté con entusiasmo, a pesar de que iría con las manos vacías.

La casa se estaba llenando de gente, jóvenes y adultos, y todos muy hambrientos. Esta fue la única comida a la que he asistido donde claramente no había suficiente comida. Había comida para quizás un tercio de la gente. Y aunque oramos por un milagro como el de los panes y los peces, la mayoría de nosotros nos fuimos sin comer.

El ministerio de la comida

Afortunadamente, recuerdo esa comida como una anomalía. En el ambiente de nuestra iglesia, hacemos bastante bien en cuestión de comida. Y es un ministerio. En nuestra congregación de gente mayor, muchas de nuestras personas regularmente comen solas. Muchos no comen bien. Entonces, qué bendición, que como congregación, podamos proporcionar variedad, generosidad y comunión a quienes no lo tienen.

Aun así, tenemos espacio para crecer y hay formas en que podemos mejorar. Aunque cada congregación tiene su propia cultura, aquí hay algunas cosas para considerar.

Cuando hagan la Planeación Para Contribuir con las Comidas Compartidas

  • Traten de llevar suficiente comida para su familia y para alguien más.
  • Lleven un platillo principal y uno para acompañar, o un postre.
  • Si usted es soltero y/o no cocina, lleve una bolsa de papas fritas, pan y/o pollo rostizado.
  • Si usted no puede contribuir económicamente, ofrezca ayuda para preparar el lugar o limpiar después de la comida.

Durante la comida

  • Permitan que los adultos mayores y los enfermos pasen primero (algunos no pueden estar mucho tiempo de pie).
  • Pida a los invitados que vayan al frente de la línea.
  • Anime a los niños pequeños que vayan con un adulto.
  • Evalúe la cantidad de personas que hay. ¿Hay bastante comida? O ¿mucho más gente? Ajuste sus porciones para que todos puedan comer.
  • Esperen a que pasen todos primero antes de repetir.

 

Si usted es quien está organizando la comida

  • Las personas van a llenar sus platos con lo que ven primero. Entonces, si hay más platillos principales que ensaladas, colóquelos primero en la línea.
  • Fíjese en los utensilios que van a usar para servir. Considere el tamaño de la porción y la practicidad
  • ¿Qué platillos necesitan cortarse previamente (pan, postres, lasaña, etc.)?
  • Aparte uno o dos platillos principales, especialmente si hay duplicados. Llévelos a la mesa cuando haya pasado la mitad de la línea. Aquellos que no se apresuran a ser los primeros deben tener opciones cuando pasan.

Pensando en los demás

Esta no es una lista exhaustiva, ni es definitiva. El punto es que, ya sea en la comida compartida o en cualquier otro momento de comunión, nuestras contribuciones son importantes. Lo que llevemos a la congregación es importante. ¡Ese es un ambiente perfecto para practicar amar a los demás como a nosotros mismos!

El apóstol Pablo nos anima en Filipenses 2: 4, “Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás”. ¿Solo vamos para recibir, o estamos allí para bendecir y servir a los demás?

No todos podemos predicar o enseñar. No todos somos musicales. Pero todos comemos, y disfrutamos de una comunión buena y amorosa. Jóvenes y grandes, ricos y pobres, todos podemos hacer una contribución significativa.

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Raised in the Worldwide Church of God, Sarah Andrews now attends Church of God (Seventh Day) in Spokane, WA, with her husband, three daughters, and several of her extended family.