Una Conversión Lenta

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Mi suegra, Linda Whitney (abuela Linda, para mis hijos), tenía más preguntas que la mayoría de los niños de su edad en los años 50. Ella amaba y respetaba a sus padres, pero a veces no estaba segura si estaba de acuerdo con sus creencias.

La mamá de Linda, Vernettie Jones, tenía su casa llena de niños, así que no había mucho tiempo para que se sentaran y hablaran de lo que enseñaba la iglesia. Platicaban por ratos, pero después alguien llamaría a su mama. “¡Pregúntale al hermano, Dugger!”, le decía mientras salía. “Él puede explicártelo mejor”.

“¿Por qué no celebramos navidad?” Linda le preguntó a su padre, Russell. “Todos mis amigos la celebran, y me gustan todas las luces. ¡Nuestra casa está muy obscura!”

Russell conocía la Biblia y era firme en las creencias que la iglesia enseñaba. También pertenecía a una generación que pensaba que los niños deberían ser vistos y no escuchados. Los jóvenes debían respetar y confiar en sus mayores que sabían más que ellos.

Buscando respuestas

En esos días se predicaba mucho sobre lo que se debería y no debería hacer, Linda no estaba segura con cuales de esas cosas estaba de acuerdo. Pero sabía dónde encontrar las respuestas: ¡la Biblia! Ella la leyó y la estudió por sí misma, pero algunas cosas eran muy confusas para que una joven de su edad las entendiera completamente. Le tomaría años para estudiar, madurar y aprender lo que Dios esperaba de ella. Podría ser que no fuera exactamente lo que su familia o su iglesia le habían enseñado, sino lo que su Creador le revelaría lo que terminaría cambiando su vida.

Un día Linda decidió seguir el consejo de su madre y le escribió al hermano Dugger. ¿Podría este hermano tan ocupado tomar el tiempo para leer la carta de una jovencita? Ella esperó mucho tiempo, pero finalmente llegó una respuesta, ¡una carta gruesa! El hermano Dugger había respondido a fondo cada una de sus preguntas. Gracias a sus respuestas, ella comenzó a leer y estudiar su Biblia con un nuevo entendimiento.

Cambios de la vida

En ese tiempo, Linda y su familia se mudaron y comenzaron a asistir a una nueva iglesia. Bajo las predicaciones del Pastor Heuer, fueron inspirados a vivir vidas santas. Aprendieron a examinar cada área de sus vidas buscando cualquier cosa que pudiera ofender a su Señor.

Después de que Linda se graduó de la preparatoria, la familia se mudó de nuevo. No había ninguna iglesia cercana que guardara el sábado. Trágicamente, su padre, un hombre amable y bueno, estaba tomando para ese entonces. Linda juró que nunca se convertiría en una alcohólica como él, sin darse cuenta de que la misma enfermedad corría en su sangre.

Un día, Linda conoció a un joven guapo y encantador. Pronto se casaron e hicieron su propia casa, su marido trabajaba largas horas con la madera. Con el paso de los años, tuvieron tres hijos, y a menudo tenían a los amigos de sus hijos en su casa. Sus vidas estaban muy ocupadas.

Sus amigos y familiares hicieron un arreglo. Cada familia se turnaría para alojar a todos los niños en su casa durante el fin de semana para que las otras parejas pudieran salir a divertirse. Las fiestas en la casa de Linda eran las mejores, según la opinión de algunas personas. En la mañana siguiente se encontraría a los invitados desmayados en el patio y por toda la casa, y los buzones de la esquina tirados, ¡otra vez!

Linda y su familia pronto se habían unido a los concursos de decoración de todas las festividades en su vecindario. Ella se lucía. Su casa era la más oscura en halloween y la más brillante en navidad. 

Creencias firmes

Los años siguientes trajeron tiempos difíciles. Linda perdió un hijo que anhelaba criar, y su marido de vez en cuando le era infiel. Sus padres fallecieron. Aunque su vida en momentos era casi insoportable, nunca se rindió.

Pero incluso durante esos años difíciles, Linda observaba el día de reposo y no comía carne de cerdo. Los sábados llevaba a sus hijos a casa de su hermana para el servicio de iglesia con su familia. Amigos y vecinos hacían gestos de molestia y hablaban de lo estricta que era acerca de no comer carne de cerdo. “¡Una vez tiró a la basura una olla muy bonita porque alguien la había usado para cocinar carne de cerdo!”, un vecino se rio. A Linda no le importaba lo que la gente pensaba. Ella sabía lo que creía.

Altibajos

A veces, retroceder no es dar un giro intencional, repentino o un rechazo a la verdad. Es un alejamiento periódico del camino que da vueltas, tratando fuerte de mantenerse recto en la niebla de las circunstancias de la vida. Eso es lo que le pasó a Linda.

La conversión no siempre es un cambio inmediato y milagroso. Puede suceder como en una olla de cocción lenta, que se trabaja con tiempo. A menudo se produce como resultado de las luchas diarias con las decisiones que nos llevan a convertirnos en algo que nunca imaginamos posible. Tal conversión puede ser lenta, pero es una victoria ganada con mucho esfuerzo, digna de los aplausos de los ángeles.

Así fue con Linda. Ella tenía un rayo de esperanza de que su vida no tenía que estar siempre fuera de control. También temía que no pudiera ser parte de la vida de sus futuros nietos si no dejaba de tomar.

En la rehabilitación Linda comenzó a ver a Dios de una manera mucho más poderosa. Aprendió a llamarlo, a apoyarse en Él y a tener compasión de sí misma cuando se desviaba. Al darse cuenta de la misericordia y gracia de Dios, Linda se hacia más fuerte cada día.

A pesar de su progreso, se enfrentaba a la tentación de regresar a su antigua forma de vida. En el camino del trabajo a su casa pasaba justo por los bares que solía frecuentar. Cuando el viejo hábito se hacía demasiado fuerte, ella agarraba el volante y gritaba: “¡Jesús, Jesús, JESÚS!” hasta que el coche y sus pensamientos se llenaban con ese nombre poderoso y maravilloso. Todos los días Linda repetía su batalla hasta que llegaba al tranquilo camino a casa.

Algunos días eran fáciles, pero otros días eran tormentosos. Las tentaciones la golpeaban cuando menos lo esperaba, a veces se encontraba sola en su coche con la direccional prendida en dirección a los bares atraída por las luces intermitentes de los bares, dispuesta a perder todo lo que había ganado.

Gritando una vez más: “¡Jesús! ¡Ayúdame!” y Él llegaba, no con un destello de relámpago, sino con un fortalecimiento de determinación, lo suficiente para mantener su coche en la carretera, dirigiéndose a casa.

Cambio de vida

A medida que pasaban los años, Linda se convirtió en una inspiración para sus amigos y familiares, e incluso para los extraños. Muchos de ellos dejaron de tomar y depositaron su fe en Jesús. Linda incluso organizó una iglesia en su casa. En lugar de las fiestas alocadas de los sábados por la noche, su casa se dio a conocer como el mejor lugar para disfrutar una tarde tranquila los sábados por la tarde.

Esta pequeña iglesia se sumergía en las Escrituras todos los días. Al limpiarse por la Palabra, el Espíritu Santo les reveló verdades que otras personas habían estudiado toda su vida para encontrarlas. Estos creyentes tenían una fe sencilla como la de un niño que obedece con alegría. Cuando se encontraban con un verso durante sus estudios lo aceptaban y se preguntaban: “¿Cómo debemos vivirlo?”.

Tiraron libros y películas que eran contradictorios en ese nuevo camino. Tiraron el árbol de Navidad. Algunos de los vecinos movian la cabeza en confusión y volteban los ojos asombrados, pero Linda y sus amigas estaban tan firmes como antes solían estar. Buscó a los líderes de su iglesia que había conocido en años anteriores. Los ancianos Dugger y Heuer ya habían fallecido, pero no fue difícil encontrar a otros hermanos que tenían la misma pasión. Los hermanos se turnaban para visitar a estos nuevos creyentes cada sábado.

Aproximadamente una vez al año, Linda limpiaba su casa. Sacaba libros y otras cosas que había llevado a su casa en ese año. Si ella sentía que cualquier cosa no glorificaban a Dios, ¡Terminaba en la basura! También examinaba su vida en busca de hábitos que necesitaran renovarse.

No hay forma de saber cuántas personas cambiaron su vida para bien porque Linda permitió que Dios cambiara su vida. Hizo viajes misioneros al extranjero. Ella era evangelista todos los días, dondequiera que iba. Evangelizaba en las tiendas, en el avión y en las calles. Linda fue una vasija dispuesta a ser usada por Dios.

Nueva historia

Linda peleó la buena batalla hasta el día en que murió. Nunca dijo que fue fácil, y nunca condenó a otros que luchaban. Ella fue una luz brillante de esperanza y sanidad para todos los que fueron tocados por su ejemplo.

Linda Whitney murió hace varios años. Mis hijos mayores recuerdan cuando les advertía sobre los peligros del alcohol. Era abierta con ellos sobre sus luchas y victorias.

Quizá la historia de la abuela Linda puede haber terminado, pero la de ellos apenas empieza. Escribí esta historia por ellos, para que nunca la olviden. La escribí por mi hijo el más pequeño, que nunca conoció a su abuela, para que pueda aprender. La escribí para mí misma y para todos, para que cuando estemos luchando o confundidos en esta vida, llamemos a Jesús.

¡Él siempre está cerca y responde en todo momento!

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Sarah (Lemley) Whitney writes from Kalama, WA, where she lives with her husband, Luke, and their three children: Rebecca (18), Zipporah (16), and Joseph (8). They attend God's Little Wilderness church most Sabbaths. They also frequent Portland, OR Church of God (Seventh Day).