Sublime Gracia

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Jesús nos ha confiado una importante misión de rescate donde los destinos eternos dependen del balance. La mayaría de nosotros reconocemos que le hemos fallado a Jesús. Nuestra falta de fidelidad refleja nuestra falta de amor.

Mi propósito no es que nos llenemos de culpabilidad, eso es enfocarse en uno mismo; más bien es que nos demos cuenta cuánto hemos sido perdonados — eso es poner el enfoque en Cristo. Como vimos en el último ejemplar, Jesús correlaciona el amor por Él con el conocimiento de haber sido perdonados. Así que, para profundizar nuestro amor por Jesús, debemos entender la profundidad de Su perdón hacia nosotros.

Nuestra cultura humanista cree que somos buenos por naturaleza. Pero si somos buenos, no necesitamos un salvador. Esa es la mentira del humanismo. Por otra parte, Dios quiere compartir Su buena naturaleza con nosotros, y lo hace cuando Su Espíritu mora en nosotros. Es importante recordar que la bondad viene de Dios, no de nosotros. Al negar nuestra naturaleza pecaminosa, contradecimos las palabras de Jesús de que solo Dios es bueno (Lucas 18:19).

Algunos pudieran especular que Jesús dijo que los humanos son generalmente buenos y solo Dios es perfecto. Efesios 2:3 lo dice claramente: “y éramos por naturaleza hijos de ira”. Jesús no nos salvó de pequeñas imperfecciones, nos salvó del pecado y de la muerte. Él es nuestro Salvador.

Dios creó las leyes físicas para gobernar el universo. Estas son leyes de fuerza; y estamos obligados a obedecer las leyes de la física. Dios también creó leyes espirituales que requieren respeto a Dios y a las personas creadas a Su imagen. Estas leyes son leyes de libertad, de libre albedrío. Tenemos la capacidad de responder, y con ello viene responsabilidad. El castigo por violar la ley de Dios, por no respetar a Dios o a otros, es la muerte.

Estamos de acuerdo en que la ley de Dios es buena. En un mundo perfecto, respetamos a las personas y ellas a nosotros. Sin embargo, vivimos en un mundo caido. ¿Qué ocurre cuando alguien nos falta el respeto? La ley de Dios requiere que respetemos a los demás, punto. Sin embargo, el sentimiento innato de justicia nos lleva a responder a la crueldad con crueldad. Lo vemos como justicia, pero es venganza — es maldad. Al pagar la maldad con maldad, solo la prolongamos.

Cuando pagamos mal por mal, no nos sentimos culpables; nos sentimos justificados. Eso es porque ese comportamiento es natural en nosotros. Si alguien más quebranta las reglas, nos sentimos justificados para quebrantarlas también. Al violar la ley de Dios, nos convertimos en nuestra propia ley. Nos convertimos en nuestros propios dioses. ¿Se da cuenta por qué por naturaleza somos objetos de la ira? El castigo por nuestra falta de respeto a Dios y a los demás, es la muerte. Jesús llevó el castigo sobre sí mismo en la cruz.

Afortunadamente Efesios 2:4-7 dice:

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús.

De ser hijos de ira a hijos de gloria. “Su gracia me enseñó a temer/mis dudas ahuyentó”. ¡Esa es gracia sublime! Que su misión sea compartirla!

 

Jody McCoy es director ejecutivo de la Conferencia General y vive en Austin, TX.

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Jody McCoy grew up in the Church of God (Seventh Day) in Conroe, TX, attended Spring Vale Academy for three years, and graduated from Texas A&M in 1986 with a master’s degree in electrical engineering. He worked for Advanced Micro Devices for 25 years and left AMD in 2011 to do full-time research in religion, science, and philosophy. In 2015 Jody accepted the position as executive director of the Church of God (Seventh Day). He lives in Austin, TX.