Reparando la Brecha

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Anteriormente en esta columna escribí sobre el colapso del Puente de Plata (Silver Bridge) en 1967, que conecta Point Pleasant, Virginia Occidental y Gallipolis, Ohio. El puente había recibido mucha atención por haber sido el primer puente colgante con barra de ojo en los Estados Unidos, lo cual hizo historia en la ingeniería. Cuando colapsó sin previo aviso, surgieron preocupaciones sobre la infraestructura de nuestra nación, y llevó al Congreso de los Estados Unidos a aprobar la Ley de Normas de Inspección de Puentes Nacionales de 1968.

Aunque la investigación inicial mostró que el puente cargaba más peso del que podía soportar, esa es solo la mitad de la historia. Una investigación más exhaustiva reveló que la causa principal fue la falla de una de las barras de ojo principales, un problema que se desarrolló con el tiempo, comenzando con una pequeña grieta de solo tres milímetros de profundidad. Una pequeña fractura en la estructura principal del puente finalmente resultó en lo que se ha descrito como el desastre de puente que causó más muertes en la historia de los Estados Unidos.

Problemas desatendidos

El incidente del Puente de Plata refleja miles de escenarios en los cuales un pequeño problema que se deja desatendido resulta en un desastre después. Los disturbios civiles en nuestro país, después de meses de circunstancias desafiantes debido a la pandemia mundial, expone uno de esos escenarios, que se remonta a la fundación de este país.

El mundialmente reconocido Jim Wallis, es un escritor cristiano, maestro, predicador y defensor de la justicia, él le llama a esto El Pecado Original de América, título de su libro del 2017, que habla sobre el racismo en Estados Unidos.

Wallis, un estadounidense blanco, estuvo en desacuerdo con una iglesia blanca que consideraba que sus intentos de abordar la injusticia racial era un tabú. Él hubiera renunciado a la fe por completo, si no hubiera sido porque descubrió una fe bíblica que nos manda a “hacer justicia”. Él hizo este descubrimiento al participar en el Movimiento de los Derechos Civiles.

El título completo del libro de Wallis, El Pecado Original de América: Racismo, Privilegio Blanco, y el Puente Hacia una Nueva América (America´s Original Sin: Racism, White Privilege, and the Bridge to a New America), entra en conflicto con los defensores acérrimos de la herencia impecable de Estados Unidos y para aquellos que quieren negar cualquier culpabilidad con la historia de la esclavitud.

Pero solo basta un rápido vistazo a la historia temprana de Estados Unidos, con honestidad intelectual, para reconocer lo que implica el título del libro. El primer grupo de africanos traídos a Estados Unidos como esclavos llegó en 1619. Esto comenzó una larga y trágica historia de personas de color que fueron violentamente arrancados de su idioma y cultura y que fueron traídas a Estados Unidos en contra de su voluntad, en las circunstancias más inhumanas.

Las cosas solo empeoraron una vez que llegaron aquí. Estos africanos traumatizados fueron tratados como propiedad. Podían venderse en una subasta al mejor postor, de la misma manera que los animales se subastan en una venta de ganado. Por lo cual, el trato de los negros durante esa época se describió correctamente por los historiadores como “esclavitud de chattel”. Esta deshumanización fue necesaria para controlarlos. Pero de una manera vil también les dio una excusa a los dueños de esclavos. Los negros debían ser tratados en menor grado que los humanos porque eso era lo que eran, como la Constitución de los Estados Unidos más tarde lo definiría.

Por lo cual, el trato inhumano de los esclavos se convirtió en la norma en las plantaciones, esa labor a menudo era realizada por capataces crueles contratados por los dueños de los esclavos para obtener la mayor cantidad de trabajo posible de los esclavos sin pago. Por esa razón, cien años después de declarar su independencia de Gran Bretaña en 1776, Estados Unidos había desarrollado el motor económico más poderoso del mundo, logrado principalmente a expensas de la libertad y la dignidad humana de su pueblo esclavizado.

Un legado continuo

Esta es la maldad que mancha la historia temprana de los Estados Unidos. Esta violación de la justicia moral, una violación de la humanidad misma, se practicó durante cientos de años con respaldo constitucional. A diferencia de la pequeña grieta en el Puente de Plata, este es un agujero enorme en los cimientos de Estados Unidos. De hecho, este es su pecado original.

Los intentos de corregir este error resultaron en una sangrienta Guerra Civil y el asesinato de Abraham Lincoln. Pero la Enmienda Decimotercera fue aprobada en 1865. El columnista de un periódico dijo “se saca de la política y se entrega a la historia, una institución incongruente con nuestro sistema político, inconsistente con la justicia y repugnante a los sentimientos humanos fomentados por una civilización cristiana”.

Sin embargo, como lo confirman las recientes tragedias, nuestra nación continúa sufriendo el legado de la esclavitud y la injusticia racial. Gracias a las cámaras y a los teléfonos celulares, lo que la comunidad afroamericana ha afirmado durante mucho tiempo sobre la brutalidad policial ahora es innegable.

Respuestas redentoras

Así que aquí están las preguntas. ¿Qué estamos haciendo ahora? A medida que “la forma estadounidense” choca con la demografía cambiante de un país cada vez más diverso, ¿cómo debería responder la iglesia? ¿Cómo podemos nosotros como cuerpo de Cristo hablar en esta conversación nacional? Después de todo, ¿no somos nosotros la sal de la tierra y la luz del mundo?

Tratar adecuadamente este tema es imposible en un artículo de dos páginas, pero estoy agradecido de que al menos tengamos la conversación. Este es un momento histórico, y durante estos tiempos sin precedentes, la tarea del liderazgo es ayudar a las personas a tomar su lugar en el lado correcto de la historia.

Las generaciones que vienen después de nosotros van a querer saber cómo respondimos a la crisis actual.

Espero que no tengamos que confesar que nos quedamos esperando sin hacer nada; o digamos que estuvimos atrapados en la división, sino que respondimos de manera redentora, que fuimos “reparadores de la brecha”.

En Isaías 58 la frase nos describe como aquellos que rompen cadenas de maldad, deshacen cargas pesadas, liberan a los oprimidos y rompen cada yugo (v. 6). Los tuyos reedificarán las ruinas antiguas. Tú levantarás los cimientos de generaciones pasadas, Y te llamarán reparador de brechas, “Restaurador de calles donde habitar” (v. 12, NBLA).

Revisaremos este tema la próxima vez con sugerencias prácticas sobre cómo los cristianos pueden fomentar la sanidad y la reconciliación. Mientras tanto, escuchemos, cuidemos, procuremos más entender, que ser entendidos, y oremos para que por medio de Cristo, seamos instrumentos responsables de la historia.

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Whaid Rose, former president of the General Conference, is dean of the Artios Center for Vibrant Leadership and pastors the Newton, NC CoG7. He and his wife, Marjolene, live in Denver, NC.