Razón Suficiente

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Como muchas otras mujeres, puedo mirarte a los ojos y mantener una conversación inteligente mientras escucho otras dos o tres conversaciones pasando a mi alrededor. Es un don y una molestia. Mi marido lo llama espionaje. Yo le llamo poner atención.

Recientemente estábamos sentados en un restaurante disfrutando de un agradable desayuno estilo buffet durante nuestras vacaciones. Nuestra mesa daba hacia las tranquilas aguas de Alaska en medio de cielos inusualmente azules y picos de montañas nevadas. Charlamos sin rumbo sobre las actividades del día, ninguno de los dos tenía prisa por terminar el momento.

Una pareja de mediana edad se acercó a una mesa cercana y se sentó, con sus platos de desayuno entre ellos. No podía ver la cara de la mujer ni oír sus palabras apagadas, pero en cuestión de segundos las facciones del hombre se tensaron.

“¿Sabes qué?” Hizo una pausa, luego movió su plato a un lado con un aire de resignación. “Simplemente ya no vale la pena”. Mi corazón se estremeció. Sabía que estaba diciendo en serio cada palabra.

En cuestión de segundos, la pareja se fue, sus platos apenas tocados, testimonio de la frustración entre ellos o la vida en general. Observé su comida, llorando momentáneamente esa pena que casi pude paladear. ¿Qué había hecho que la pareja agitara la bandera blanca, rindiéndose a la desesperación?

Dudo que hayan llegado a un lugar tan trágico en sus vidas en una hora, un día o incluso una semana. Pudo haber pasado meses, años o décadas antes de que llegaran al punto en el que preferían rendirse antes que intentarlo.

Creo que eso es lo que sucede cuando la gente se aleja de su fe. Raramente es una decisión tomada de la noche a la mañana. Es una elección que se deteriora lentamente, día a día, hecha por una persona que no obtiene lo que espera o cree que se merece. Sigue la decepción, luego el desaliento, y finalmente la amargura se arraiga seguida por el Ya no vale la pena.

Quizás aquellos que se apartan de la fe han perdido un ser querido que consideraron se fue antes de tiempo. Tal vez su salud ha ido cuesta abajo, y cuestionan la justicia de todo. Quizás sus finanzas son una lucha constante, y se preguntan dónde se esconde el Dios de la bendición. Tal vez su cónyuge lo dejó por otra persona, y culpan a Dios por no intervenir.

Pero tal vez . . .

Si se atrevieran a creer que Dios es bueno aun cuando las circunstancias no lo sean, se encontrarían en un lugar de fe inquebrantable, como el apóstol Pablo. Ya sea que estuviera descansando en una cama tibia o naufragando en una isla, se mantuvo firme. Sea comiendo con amigos o apedreado por enemigos, se mantuvo fiel a Dios.

En escasez o abundancia, Pablo nunca dijo: “Simplemente ya no vale la pena”. Su vida demostró que la fe perseverante no se trata solo de ondear una bandera de aleluya en los momentos buenos sino de atravesar las dificultades de la vida con una confianza permanente en Jesucristo.

Pablo dijo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7). Qué hermoso testimonio de perseverancia a pesar de las pruebas y tribulaciones. Pablo pasó a ofrecer esta seguridad a todos los creyentes: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (v. 8).

Oré por esa pareja angustiada y confié en que Dios despertará sus corazones a la esperanza una vez más. Esa es la misma oración que tengo para aquellos que están listos para renunciar a Dios, para tomar otro camino o para regresar a la esclavitud de donde salieron.

Si alguna vez algo valió la pena, eso es Jesucristo. Él es el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por medio de Él (Juan 14:6). Él es razón suficiente para pelear la buena batalla, razón suficiente para terminar la carrera, y sí, solo Él es razón suficiente para mantener la fe.

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Kim Y. Nowlin has been published in Christian Communicator, The Secret Place, Woman Alive, LIVE, and other publications. She was a semi-finalist in 2011 and 2015 in the Kairos Screenwriting Contest. Kim lives in San Angelo, TX.