Protegiendo los Diez Mandamientos

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Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre (Isaías 40: 8).

Desde asaltos legales en exhibiciones públicas de los Diez Mandamientos hasta intenciones de remover a Dios de las escuelas públicas, el Enemigo ha intentado una y otra vez evitar que la Santa Palabra de Dios llegue a su destino: el corazón del hombre.

Angustia en Arkansas

Un ataque reciente ocurrió en Little Rock, Arkansas, en junio de 2017. Un estado del sur relativamente pequeño, mayormente conservador, Arkansas se encuentra en la “Bible Belt” (zona de Estados Unidos de América dónde la religión católica y protestante es altamente significativa), con una iglesia, al parecer, en cada esquina.

Si bien recaudar donaciones privadas para un monumento de los Diez Mandamientos de seis pies de altura no es alarmante para los ciudadanos creyentes de la Biblia del Estado Natural, el hecho de que se colocó con éxito en los terrenos del capitolio, en el mundo crítico de hoy, sí lo es.

Monumento roto

Lamentablemente, esta victoria duró muy poco. Menos de veinticuatro horas después de la instalación, alguien estrelló un vehículo contra el monumento, derribándolo. Así como las tablas de piedra originales se rompieron en el Monte Sinaí, igual fue el destino del monumento exuberante de mandamientos en el capitolio.

Sin embargo, el intento de derrota no tuvo éxito. Se recaudaron donaciones privadas una vez más, y en abril de 2018 se instaló un segundo monumento en el mismo lugar que antes. Esta vez, sin embargo, se construyeron cuatro grandes barricadas de concreto para hacer guardia en cada esquina del monumento.

Barricadas

Como empleada del gobierno que trabaja en un edificio detrás del capitolio, tengo la oportunidad todos los días de admirar los numerosos monumentos en exhibición. Durante una pausa para el almuerzo reciente, pasé por el lugar donde se colocaría nuevamente el monumento a los mandamientos.

Sorprendentemente, los conos de color naranja brillante y las cercas de plástico que rodean el área no me llamaron la atención por mucho tiempo. Mi atención se dirigió rápidamente a las cuatro grandes barricadas de concreto que rodeaban los cimientos.

Después de ver esto, al principio me sentí triste – triste porque vivimos en un mundo donde se necesitan barricadas de concreto para proteger uno de los regalos más preciados de Dios para la humanidad: Su Santa Ley. Lo que está tan disponible y gratuito para todos ahora necesita protección física.

Realizaciones

Sin embargo, después de reflexionar sobre esto por un tiempo, llegué a dos realizaciones importantes que cambiaron mi perspectiva sobre toda la situación.

Primero, me di cuenta de lo agradecida que estoy de vivir en un estado conservador que no permitiría que el primer intento de destrucción le impidiera desafiar a la oposición y colocar un segundo monumento en el mismo lugar, en terrenos públicos. Además, el hecho de que las personas y organizaciones privadas donaran dinero para un segundo monumento muestra que todavía hay buenas personas en el mundo que aman a Dios y defienden lo que es correcto.

Fue la segunda realización más profunda que realmente me impactó. Mientras que las barricadas de concreto protegen los Diez Mandamientos en el capitolio, es más importante que las barricadas espirituales protejan los mandamientos de Dios en nuestro corazón.

 

“Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos” (Deuteronomio 11:18).

 

Preparado para la pelea

Además de aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador, debemos seguir los Diez Mandamientos de Dios – todos ellos.

Bastante simple, ¿verdad? El enemigo, sin embargo, no lo hace fácil. Mientras estamos constantemente peleando una guerra espiritual, Dios nos equipa con lo que necesitamos para contraatacar. Para estar listos para la batalla, debemos tener Su Verdad incrustada tan profundamente en nuestros corazones que nada pueda penetrar las barricadas que colocamos allí para protegerla.

 

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida (Proverbios 4:23).

La salvación verdadera

Al escribir estas líneas, el nuevo monumento en el capitolio de Arkansas sigue en pie, a pesar de la oposición y las promesas de múltiples grupos para eliminarlo.

Aún si el sistema judicial finalmente se pone del lado de ellos, sé que mi Dios es mucho más grande que un monumento de seis pies. Una tabla física de piedra no nos va a salvar; sino que aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador lo hará.

Tener la ley de Dios escrita en nuestros corazones asegura que estamos siguiendo Sus caminos y honrándolo. Esas no son solo palabras en una página o una tabla de piedra; esa es una promesa – una que está guardada segura en mi corazón.

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