Iglesia y Evangelismo

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Hay cinco áreas principales en la Gran Comisión que Cristo le dio a la iglesia: evangelismo, enseñanza, adoración, comunión y servicio. Sin embargo, es importante resaltar que, hoy, la evangelización no es solo lo principal, sino también el área más urgente de toda la misión que debemos cumplir.

La razón de esta afirmación es sencilla: Todas las demás tareas de la iglesia dependen de la evangelización. ¿Qué sería de un pastor sin ovejas? ¿Para que serviría un maestro si no hay estudiantes? ¿A quién se serviría y con quién se tendría comunión si no hubiera miembros? Y a pesar de todo, es el área menos desarrollada de la iglesia.

En la historia de nuestra denominación, la Iglesia de Dios (Séptimo Día) ha puesto un gran énfasis en el conocimiento de la verdad bíblica, y por la gracia de Dios, hemos logrado un gran desarrollo teológico. Pero no así en la evangelización. Las estadísticas muestran que nuestro crecimiento cuantitativo ha sido raquítico, y en algunos casos nulo. Es tiempo de reforzar el trabajo evangelistico para el cual es necesaria la participación de todos y cada uno de los miembros, considerando; entre otras cosas, los siguientes puntos:

  1. La iglesia está llamada a evangelizar en todo tiempo, lugar y circunstancia

“Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos 8:4)

La Iglesia del primer siglo, creció significativamente, debido al trabajo de la predicación (4:4) Pero seguir a Cristo implica eventualmente enfrentar dificultades. Aun así, los primeros creyentes aprovecharon cada oportunidad para anunciar al mundo las buenas nuevas de salvación, incluso cuando fueron perseguidos. Nunca en la historia del cristianismo creció tanto la iglesia como en el primer siglo, cuando los creyentes vivían en medio de la persecución.

Según un artículo del noticiero CBN (enero de 2022), durante la pandemia de COVID-19 en 2020, más de 4,000 iglesias cerraron en los Estados Unidos. Treinta por ciento de los creyentes no han regresado a la iglesia y 20,000 pastores abandonaron el ministerio. Estos datos demuestran el peligro en el que nos encontramos. No solo no estamos ganando nuevas almas para Cristo sino que en algunos casos las estamos perdiendo.

Como iglesia, debemos reconocer que Dios nos ha llamado a salir y testificar lo que Él ha hecho por medio de Su Hijo Jesucristo y lo que ha hecho en nosotros. No hay tiempo que perder. La evangelización no es un trabajo que se hace un día a la semana ni en un lugar específico, ni cuando las circunstancias son óptimas para hacerlo.

Desafortunadamente, muchos cristianos creen que ir a adorar el sábado significa cumplir con nuestra obligación con Dios, pero ese no es el caso. En realidad, la gran obra del creyente comienza precisamente cuando el pastor dice “Amén” al final del servicio. El evangelismo se realiza en el trabajo, en el vecindario, en la escuela y en cualquier lugar al que vayamos. Como alguien dijo una vez, cada sábado la iglesia se reúne para adorar. El resto de la semana estamos esparcidos para servir.

  1. La iglesia debe comprender que la evangelización no sólo es un don del Espíritu Santo sino también un mandamiento de debemos cumplir

La Biblia dice esto sobre el don de evangelizar: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres . . . Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4:7, 8, 11).

Pero también el Señor ordena: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Históricamente, la tarea evangelizadora ha quedado a cargo de unos cuantos miembros de la iglesia; es decir, los que tienen el don. Los demás, hemos sido meramente observadores, y en ocasiones hasta críticos enojones reclamando el poco o nulo crecimiento de la iglesia.

Es tiempo de cambiar nuestra manera de pensar: La evangelización no es la responsabilidad de algunos, sino el privilegio de todos.

Como iglesia, hemos sido celosos de guardar los mandamientos de Dios. Pero lamentablemente no hemos obedecido el mandato de evangelizar. Es un mandamiento olvidado o, ignorado por la gran mayoría de nosotros. Y la única manera de revertir esta realidad, es que cada convertido a Cristo, se convierta también en un evangelista.

  1. La iglesia primero debe hablar con Dios y después hablar de Dios.

Jesús dijo a Sus discípulos: “Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas” (Mateo 10:27). Primero es la preparación del mensajero y después la preparación del mensaje.

Nadie puede habar a las personas de Dios si antes no ha estado en oración con Él. El fruto de la evangelización se obtiene cuando el evangelista lleno del Espíritu Santo, da el mensaje de salvación a los oyentes. Es Dios, quien a través de Su Espíritu, convierte a las personas. No es la sabiduría humana, ni la buena homilética, ni mucho conocimiento teológico lo que convierte al pecador. Es solamente la obra del Espíritu Santo. El evangelista es el medio que Dios ha determinado usar para completar esta labor, pero quien convierte los corazones es Dios mismo. En palabras de Pablo se afirma lo dicho aquí: “Yo planté, Apolos regó: mas Dios ha dado el crecimiento. Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento” (1 Corintios 3:6, 7).

Además, el evangelista lucha contra un poder espiritual que se llama pecado, y sólo el poder de Dios lo puede vencer. Pablo dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires” (Efesios 6:12). Por esta razón, Jesús insistió que Sus discípulos no se fueran de Jerusalén hasta que recibieran la unción del Espíritu Santo (Hechos 1:4-8) o la presencia de Dios en sus vidas. Por todo lo mencionado anteriormente, los creyentes debemos invertir tiempo en la oración a Dios para ser investidos de Su Espíritu y convertirnos en evangelistas que en Cristo llevemos mucho fruto, especialmente en el sentido de ganar almas para Cristo.

  1. Todo lo que somos como iglesia tiene un propósito: Testificar

El apóstol Pedro no sólo dice lo que somos como iglesia; también dice lo que debemos hacer con eso que somos: “Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anuncies las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). En el texto citado subrayo la palabra para porque los dos grandes enunciados que aborda Pedro en este pasaje — lo que somos y lo que debemos hacer — están unidos gramaticalmente por esa preposición. En este caso la palabra para se utiliza para presentar una cláusula que provee más información. En resumen, somos una iglesia en la medida en que testificamos. Una iglesia que no anuncia el evangelio, no es una iglesia.

Antes del escrito de Pedro, Jesús prometió a los creyentes que estaría con nosotros hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). Pero esta promesa también está dada en al ámbito de la misión. Esto significa que en la medida en que estamos cumpliendo la misión, en esa medida Cristo está con nosotros. De lo contrario, no podríamos asegúralo.

Uniéndonos a la misión

Hablando de trabajo en la obra de Dios y hablando también de obreros, Jesús dijo a Sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37, 38).

Este pasaje es muy profundo. Jesús recorría las ciudades y las aldeas, enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo. Mientras observaba a las gentes, sintió compasión por ellas porque estaban esparcidas como ovejas que no tienen pastor.

Leyendo el pasaje cuidadosamente, uno puede imaginar a Jesús agobiado por tanta necesidad. A pesar de ser el Hijo de Dios, Su espíritu se conmovió al ver a las multitudes desorientadas y sin rumbo. Tal aflicción había en Cristo, que les pidió a Sus discípulos que oraran para que Dios enviara la ayuda necesaria. Al ver el tamaño de la misión Jesús exclamo, “Rogad al Señor que envíe obreros a sus mies” (Mateo 9:38).

He aquí otra gran enseñanza: No hay misión sin misioneros. Hagamos todos nuestra parte.

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Ramon Ruiz has served within the Church of God (Seventh Day), pastoring several local churches in Mexico for over 40 years. As president of International Ministerial Congress since 1994, he works for the international Church in the day-to-day operations of ministry. Recently, Ramon moved to Dallas, TX, with his wife, Rebeca. They have one son, two daughters, and several grandchildren.