El Primer Evangelio

por Daniel Flores

¿Quién no ha anhelado una relación —en el matrimonio, en el trabajo o en la iglesia— sin dolor ni angustia emocional? ¿Quién no ha anhelado una vida libre de culpa, del miedo al fracaso y de esa persistente sensación de desaprobación por los pecados pasados?

Durante un tiempo, Adán y Eva disfrutaron de una vida libre del peso del pecado y sus consecuencias. Génesis 2:25 revela una escena de su profunda inocencia: “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”. En el Edén, antes de la Caída, no había culpa, no tenían que esconderse de Dios, ni esconderse el uno del otro. La desnudez en el Edén era transparencia, confianza y comunión perfecta. No avergonzarse significaba una relación sin miedo, juicio ni dolor.

Pero después de la Caída, los humanos necesitaban una vida reconciliada donde la vergüenza ya no tuviera la última palabra.

¿Qué puedes decir cuando te das cuenta, como Adán y Eva, de que has fracasado — cuando la tentación resulta más fuerte que tu determinación? ¿Cómo le hablas al Dios que te dio la vida y llenó la creación de regalos para tu alegría? Quizás pedirías perdón, prometerías mejorar y suplicarías otra oportunidad. Pero en el fondo, sabes que incluso tu mejor promesa es frágil, defectuosa y rota. Dios también lo sabe. Él ve más allá de las palabras, al corazón. Y aun así, ofrece gracia.

Por eso, allí en el Edén, después del engaño de la serpiente, Dios tomó la iniciativa. En ese momento, en presencia de Adán y su esposa, el Creador hizo una promesa que traería esperanza en un tiempo de caos y dolor:

Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (3:14, 15).

 A Génesis 3:15 se le llama el protoevangelio, o “primer evangelio” — la promesa de redención. Es solo la primera de una larga lista de profecías mesiánicas que salpican la Biblia hebrea. Cristo es la simiente prometida. La serpiente engañó a la humanidad, pero Dios prometió que un día la descendencia de Eva le infligiría una herida mortal en la cabeza. Aunque Dios expulsaría a Adán y Eva de Su presencia, no quería que vivieran sin esperanza, sin la seguridad de la victoria sobre la serpiente, el pecado y la muerte.

¿Estás pagando las consecuencias de tu pecado? ¿Pensaste que nada pasaría si desobedecías a Dios, que nadie se daría cuenta? ¿Le has prometido a Dios que mejorarías y cambiarías tu conducta? Todos lo hemos hecho, y sabemos que podemos volver a fallar. Dios también lo sabe. La respuesta a este problema no está en ti ni en mí, sino en la promesa que Dios hizo en el jardín y cumplió en la vida, muerte, resurrección y venida de Cristo el Señor. Arrepiéntete y cree en el evangelio del reino de Dios. No creas en las falsas promesas de la serpiente. Decide hoy creer en la promesa de vida abundante que está en Cristo Jesús (Juan 10:10).

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Melquisedec y Más Convergencia

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Daniel Flores is pastor of the McAllen, TX congregation. He currently serves on the board of the Southwest District, on the board of directors, and as president of the North American Ministerial Council of the General Conference of the Church of God (Seventh Day). Daniel lives in Mission, TX, with his wife, Kerenha, and four children: Salma, Isaac, Josue, and Daniel.

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