por Marcia Sanders
“¡Oye, mamá!” David llamó. “¿Sabes de lo que me acabo de dar cuenta?”
“No tengo ni idea”. Mamá sonrió.
“Hay un enorme hueco en lo que sé acerca de Jesús. Quiero decir, he leído la historia de Su nacimiento, que es bastante sorprendente, por cierto. Y luego leí acerca de cómo fue bautizado y comenzó Su propio ministerio cuando ya era muy grande de edad”.
“¿Realmente grande?” Preguntó mamá. “Te das cuenta de que sólo tenía treinta años cuando comenzó Su ministerio, ¿verdad?”
“Sí, eso es lo que quiero decir. Realmente grande”. David no se daba cuenta de la risa silenciosa de su madre. “¿Pero qué pasó cuando tenía mi edad?”
Mamá levantó la vista del pan que estaba amasando. “En realidad, hay una historia en la Biblia sobre cuando Jesús tenía casi tu edad. Está en Lucas 2”.
“¿Cuando tenía doce años? ¿En serio? ¿Como yo?” -Preguntó David.
Mamá sonrió. “Sí. ¿Qué tal si lo lees tú mismo, comenzando con el verso 41, y me cuentas lo que aprendas?”
David subió las escaleras a su habitación donde estaba su Biblia al lado de su cama. Media hora después regresó a la cocina.
“Entonces, ¿qué pensaste?” Preguntó mamá.
“Bueno, primero, me alegro de que tú y papá nunca se fueron y me dejaron por tanto tiempo. Probablemente habría entrado en pánico. María y José viajaron un día completo antes de darse cuenta de que Jesús no estaba con ellos. Luego otro día para regresar a Jerusalén. Luego lo buscaron por tres días más. ¡Así que estuvo separado de ellos por cinco días! Eso es mucho tiempo. Pero Jesús ni siquiera pareció darse cuenta. De hecho, solo preguntó por qué estaban preocupados. No puedo imaginar lo que tú y papá habrían hecho si hubiésemos estado separados durante cinco días”.
Mamá hizo una mueca. “Tampoco puedo imaginarlo. ¡Cinco días! Nunca había pensado cuánto tiempo fue en realidad”.
“Pero cuando encontraron a Jesús, estaba hablando con los maestros en la sinagoga, quienes estaban asombrados de lo mucho que sabía. Supongo que eso sería como si yo hablara con un grupo de predicadores sobre la Biblia. Conozco varias historias y puedo citar algunos versos, pero no creo que sorprenda a ninguno de ellos con eso.
“Y Jesús sabía quién era Él realmente”, reflexionó David. “Quiero decir, Él sabía que era el Hijo de Dios. ¿No es asombroso? ¿Cómo manejas esa información a esa edad? Me asustaría muchísimo pensar que tengo ese tipo de responsabilidad”.
“¿Pero no crees que Jesús lo supo desde el principio?” Preguntó mamá. “Después de todo, Él había estado con Dios, Su Padre, antes de venir a la tierra como hijo de María y José”. “Sí, es cierto”, admitió David. “Sin embargo, me dan ganas de estudiar y aprender más. Si quiero ser como Jesús, lo cual hago, entonces necesito estudiar Su Palabra, que me cuenta no sólo historias sobre Su vida, sino también las cosas realmente importantes — por ejemplo, cómo vivir como Él vivió”.

