¿Cómo reconciliamos la gracia divina y la responsabilidad humana en la obra de salvación?

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¿Cómo reconciliamos la gracia divina y la responsabilidad humana en la obra de salvación?

 

Efesios 2:8 es quizás el mejor verso para entender la dinámica divino-humana en la obra de salvación. A través de este texto podemos afirmar, por introducción, que estos dos se reconcilian dentro de una relación de pacto particular. Veamos: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

Este sencillo texto establece en orden la relación apropiada y la responsabilidad mutua que trae y sostiene la salvación. Primero está la gracia de Dios. La relación de pacto siempre es iniciada por Dios; es un regalo divino. En segundo lugar está la respuesta humana, la fe. Confiando y creyendo, recibimos humildemente el don de Dios, sabiendo que la salvación, y la fe misma, están más allá de nosotros mismos.

Se pueden escribir, y se han escrito, volúmenes sobre el poder y la belleza de estas dos maravillosas palabras: ¡Gracia! ¡Fe! Residiendo en el corazón de la salvación y la relación divino-humana, podemos sondear sus profundidades prestando atención a una palabra más en el contexto más amplio de Efesios 2:8: ¡Jesucristo!

La reconciliación de la relación divino-humana descansa en Jesús. Él es el fundamento de la gracia de Dios y de la fe humana, como se ve en los versículos 1-7. Mientras que todos nosotros estábamos “muertos en vuestros delitos y pecados” y definidos por la desobediencia, la lujuria y la ira (vv. 1-3), la rica misericordia de Dios y el gran amor por la salvación se revelaron en Jesús, para que pudiéramos ser “vivificados” juntamente con Cristo” (vv. 4-6). Basados ​​en las palabras del Apóstol Pablo, exclamamos, ¡oh “las abundantes riquezas de Su gracia en Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (v. 7)!

Entendemos verdaderamente la profundidad de la gracia y de la fe sólo sirviendo a nuestro Señor Jesucristo. Como humano y divino, Jesús demostró perfectamente la gracia de Dios hacia el hombre y la fiel respuesta del hombre a Dios. Así es como se ha establecido una nueva relación de pacto en Su sangre. Si bien la relación divino-humana siempre estuvo definida por la gracia y la fe, sabemos por el antiguo pacto que, de nuestro lado de la ecuación, la fe y la fidelidad siempre han sido defectuosas.

Si bien la fidelidad misericordiosa de Dios siempre es confiable, desde Adán hasta Israel, aprendemos que no se puede decir lo mismo de los seres humanos (Números 14:11; Deuteronomio 1:32; Salmo 78:22, 32; 106:24; Romanos 10:16; Hebreos 3:18; 4:2; Judas 5). Antes de Jesús, las relaciones rotas eran lo que definía la relación divino-humana. Pero como lo ilustra Hebreos 11, siempre hubo un remanente de fe: Abel, Noé, Abraham, Moisés. Estos fieles señalaron al Único “Verdadero y Fiel” (Jeremías 42:5; Apocalipsis 19:11), y ahora nuestra “obediencia a la fe” se experimenta solo en Él y a través de Él (Romanos 1:5; 16:26). En la cruz, en Cristo, la gracia de Dios y la fe humana se encuentran en perfecta unión. La relación se reconcilia y el pecado y la muerte son vencidos.

Volvamos a Efesios 2, donde se muestran las consecuencias de esta gracia y fe en Cristo. Mientras que el trabajo humano y la jactancia se dejan de lado en la simple sumisión a Cristo, la gracia de Dios continúa obrando a través de la fe: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (v. 10).

La misma gracia y fe que traen salvación traen también nuestra santificación. Ese es el resultado de la obra continua de Dios, en Cristo y en nosotros. Es una verdad aleccionadora: nuestra responsabilidad es caminar en Él mientras Él obra en nosotros (Romanos 8:1; Colosenses 1:29).

Anciano Jason Overman

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Jason Overman is Editor of Publications of the Bible Advocate Press. After 24 years in the publishing industry (in sales and management) with the Harrison Daily Times, Jason left his general manager’s position to join the BAP family in 2015. He has served in ministry for 30 years and currently pastors the Church of God (Seventh Day) in Jasper, Arkansas, with his wife, Stephanie, and two children, Tabitha and Isaac. Jason enjoys spending time with family and friends, traveling, reading theology, playing his guitar, and taking in the beautiful Ozark Mountains he calls home.