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Cuando Cristo regrese, ¿encontrará fe en la tierra? by Calvin Burrell
¿Cómo respondemos cuándo parece que Cristo demora Su regreso, cuándo nuestra esperanza bendita es pospuesta y la injusticia prevalece en la tierra?
Los hechos son éstos:
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Muchísimos textos de la Biblia predicen un último gran día en el cual el Señor intervendrá en la historia para juzgar al impío y recompensar al justo (para un ejemplo en el Antiguo Testamento, vea Daniel 7:13, 14). Algunos textos del Nuevo Testamento (1ª Corintios 7:29, por ejemplo) insinúan que los autores esperaban Su regreso en ese tiempo. Las promesas más apremiantes son de Jesucristo mismo: “Vendré otra vez. . . pronto . . . para recompensar a cada uno según sea su obra” (Juan 14:3; Apocalipsis 22:12).
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Cincuenta generaciones después, Cristo no ha regresado ni las promesas se han cumplido. Ante esto, muchos han perdido la esperanza de un reino celestial por venir, cediendo ante la duda y la tentación terrenal como el mismo Jesús profetizó (Mateo 24:48, 49). Este descuido ha aumentado la violencia, la corrupción, y el oscurantismo espiritual que cubre nuestra tierra.
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En un pasaje enfocado en Su regreso (Lucas 17:20—18:8), Jesús anticipa que muchos tropezarán bajo la demora, así que Él pregunta, “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” 18:8b). La pregunta es conmovedora y penetrante con un potencial para un impacto fuerte sobre aquellos que escuchan y reflexionan al respecto. Cada uno de nosotros debe responder individualmente: Cuando Cristo regrese, ¿encontrará fe en mí?
Parábola
La respuesta puede ser revelada en la historia que Jesús narra en Lucas 18:1 - 8a, justo antes de hacer nuestra pregunta clave (v. 8b). Es la historia de un juez de considerable poder y posición. Un juez puede cambiar cosas y puede traer justicia con el golpe de un martillo.
Es también la historia de una viuda, de poco, o ningún poder. La mayoría de las viudas en el tiempo de Jesús eran pobres y débiles, trabajando el doble para recibir el mínimo para su existencia. Viviendo en la injusticia crónica, la viuda hace una petición a este juez para que haga venganza sobre su adversario.
Este adversario, la tercera persona en la historia, es el enemigo de la viuda - su antagonista. Ella escucha su insulto a cada momento; siente su opresión.
¡Añade a sus cargas diarias y sin amainar!
Ahora el juez puede hacer justicia por la viuda en cualquier momento que Él lo desee. Pero no quiere. En vez de eso, se demora. Se demora porque él es básicamente una persona egoísta que tiene gran cuidado de sí mismo, y muy poco de cualquier viuda pobre. “No”, le dice una y otra vez hasta que ya no puede aguantar más su insistencia.
Finalmente, en la exasperación, el juez acepta librar a la viuda del adversario, no porque sea justo, sino porque de esa manera él se librará de ella también.
Paralelos
¿Quién es este juez, esta viuda, este adversario en la historia más grande de la vida?
La viuda nos recuerda a la iglesia. Sus miembros son como esta mujer pobre y débil en muchos sentidos. La mayor parte de los seguidores de Jesús no están entre los fuertes, ricos, y famosos del mundo (1ª Corintios 1:26). Los promotores e impulsores de la cultura no valoran la fe piadosa y la conducta moral tan altamente como lo hacen los Cristianos. Más a menudo, se gozan estropeando lo de Dios y Su pueblo.
De la misma manera que la viuda, la iglesia de Dios tiene constante razón de clamar por justicia. Los creyentes ven la opresión tal y como la vieron varios salmistas. De hecho, los primeros versos del Salmo 94 suenan como la viuda en la parábola de Jesús:
Engrandécete, oh Juez de la tierra; da el pago a los soberbios . . .¿Hasta cuándo, oh Jehová, se gozarán los impíos? ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, Y se vanagloriarán todos los que hacen iniquidad? A Tu pueblo, oh Jehová, quebrantan, a Tu heredad afligen. A la viuda y al extranjero matan. . . ” (vv. 2-6a).
En los versos 16 y 23 el escritor pregunta quién se levantará por Él en contra de los malos que se reúnen contra el justo y condenan al inocente.
Lo que este salmo pregunta no difiere de lo que Jesús enseñó a Sus discípulos orar: “Líbranos del mal” (Lucas 11:4b). Rescate del mal y liberación de personas del mundo que “tratan despóticamente” al justo, son tan necesarios en esta creación pervertida como alguna vez fueron. Considere una lista de injusticias que oprimen a las personas de fe y la obediencia hoy, usando los “hasta cuándo” del Salmo 94:3 como nuestro preámbulo:
¿Hasta cuándo . . .
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Lo malo será exaltado como bueno, y lo bueno sea visto como malo?
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Las personas deshonestas prosperarán a costas del justo?
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Los criminales aterrorizarán nuestras calles y vecindarios?
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Los traficantes de drogas y fabricantes del alcohol dejarán de orientar a nuestra juventud a la destrucción?
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Los cantantes de rap llenarán nuestros oídos de lenguaje infame y basura moral?
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Los ricos usarán decepción y deshonestidad para engrandecer sus tesoros?
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Atletas arrogantes y estrellas de cine, haciendo alarde del pecado, serán héroes de nuestros hijos?
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Pastores avaros llenarán sus bolsillos a través de enseñanzas falsas y riquezas prometidas?
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Los políticos harán política pública cuando no pueden mantener sus propias vidas privadas intactas?
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Los medios de comunicación populares presentarán relaciones sexuales como un derecho de todos, sin estimar las responsabilidades morales o las consecuencias naturales enseñadas por la experiencia difícil?
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Seremos una nación que aprueba matar a nuestros niños antes de que nazcan?
Tomando ejemplos del salmista y la viuda de Lucas 18, podemos hacer un eco de sus lamentos y firmar sus peticiones: “¡Dios!, castiga al perverso. Rinde justicia para el soberbio y el avaro. Vénganos de nuestro adversario.”
¿Y quién es nuestro adversario mayor, esta tercera persona de la parábola de Jesús? ¿Es el traficante de drogas, el criminal, el cantante de rap, la persona rica y deshonesta, el atleta arrogante, la estrella de cine incrédula, el religioso desleal, o el político orgulloso? Aunque todos estos aparecen en nuestra lista “¿Hasta Cuándo?” no debemos mirarlos como nuestros enemigos absolutos.
El adversario absoluto del pueblo de Dios está identificado en otro lugar:
“Vuestro adversario el diablo, como león rugiente anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Sin cesar, hacemos bien al orar “líbranos del mal - el diablo.”
¿Y qué del juez en la historia de Jesús? ¿A quién representa en el drama de la vida? La respuesta fácil es decir que es Dios o Cristo, juez de toda la tierra.
Es verdad que Dios es como este juez en algunos aspectos. Dios tiene poder y posición como el juez. De la misma manera que él, Dios puede hacer justicia y castigar a los enemigos del justo en cualquier momento que Él desee. Y de la misma manera que el juez, Dios posterga también.
Las razones por la demora del cielo, sin embargo, son contrarias a las razones del juez. Porque este juez injusto y sin misericordia no temía a Dios ni respetaba a hombre, el Juez Recto de la Escritura debe contrastarse, más que compararse con él. Si un juez cruel finalmente escucha el gemir de una viuda sólo por simple rutina ¿no hará mucho mejor un Dios misericordioso por aquellos que constantemente le ruegan?
Aunque Él se retrase (v. 7b) mucho tiempo, Dios no es indiferente, no es injusto, ni es negligente en Sus promesas. Si entendiéramos Sus razones para la demora y Sus planes para la venganza, nosotros hiciéramos exactamente lo que Él hace y le llamaríamos justicia perfecta.
Encontrando fe
Aunque esta parábola no aborda el tópico del regreso de Cristo directamente, la pregunta de Jesús al final de la parábola nos regresa a ese tema: “Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?” (v. 8b). La respuesta a esta pregunta es indicada en la parábola misma:
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La demora divina es una realidad: “Aunque tiene paciencia con ellos mucho tiempo” (v. 7b).
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La perseverancia humana es una necesidad: “Los hombres deben orar y no desmayar” (v. 1).
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La demora no durará para siempre: “Les hará justicia” (v. 8a).
Aquellos que respondan a la demora justificada de Jesús con esperanza persistente y perseverancia - serán encontrados fieles cuando Él regrese.
Sí, el Hijo del Hombre encontrará fe sobre la tierra. La encontrará en aquellos que, como la viuda, oran por justicia, confían por misericordia, dejan la venganza a Dios, y no pierden la esperanza hacia el final. Serán rescatados velozmente cuando Jesús venga pronto.
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