Mi Viaje

Tomando el Formulario Rosado

 

por Ralph Hanahan según se lo contó a Sherri Langton

 

Las cosas no se veían bien en el trabajo. A fines del verano del 2008 el estado de Carolina del Sur, donde yo había trabajado durante veintidós años, luchaba con problemas presupuestarios. Todas las agencias cortarían gastos, y algunas reducirían sus fuerzas laborales. La agencia en la cual serví tres años como técnico en computación de la Escuela Gobernador para las Artes y las Humanidades en Greenville, podría ser una de ellas.

Las siguientes semanas, mi esposa, Jenny, y yo discutimos sobre cómo nos impactaría una cesación de empleo. Las cosas serían difíciles: La economía nacional había comenzado un severo descenso, con cesaciones de empleos en las noticias casi todas las noches. Jenny trabajaba como oficial de bienes raíces pero no ganaba mucho por razón de la caída del mercado de viviendas. Aun así, ambos llegamos a la misma conclusión: Si la elección de una cesación de empleo venía a mi compañero de trabajo, Mike Camp, y yo, entonces debería ser yo el que dejaría el trabajo.

Eso sonaría extraño, puesto que yo tenía más antigüedad en el empleo que Mike en el sistema estatal y me faltaban sólo siete años para jubilarme. Pero Mike y yo éramos amigos cercanos. Además yo estaba a mediados de los cincuenta años con un hijo adulto; mientras que Mike sólo tenía cuarenta años de edad y estaba casado y tenía cuatro hijos pequeños entre los seis y diez años. El más pequeño, Aarón, era severamente autista. A través del tiempo él había hecho un progreso notable en la terapia. Jenny y yo acordamos que no podíamos permitir que una cesación de empleo terminara los beneficios médicos y salarios que la familia Camp desesperadamente necesitaba.

Mientras orábamos al respecto, encontramos dirección en las Escrituras: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” dijo Jesús (Juan 15:13, NVI). Aunque yo no estaba literalmente poniendo mi vida por Mike, sí vi mi trabajo como parte de mi vida. ¿Lo dejaría yo para beneficio de Mike?

También leímos, “Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvara” (Lucas 17:33, NVI). Es natural protegerse a uno mismo cuando la dureza llega. ¿Podría ser que Jesús estaba diciéndome que el auto-sacrificio era la mejor manera de conservar mi vida?

Esos textos, más la oración cimentaron nuestra decisión. Notifiqué a la Escuela Gobernador que, si alguien tenía que ser eliminado, yo tomaría la cesación de empleo por Mike. La paz de Dios nos mantuvo constantes.

Con el paso de las semanas y la economía empeorando, la escuela empezó a desemplear a algún personal no permanente de tiempo parcial,. Cuando regresé a trabajar después de una corta vacación en octubre, rumores circularon alrededor de la escuela que yo sería uno de los desempleados. Y así fue, el viernes antes del Día de Acción de Gracias, me llamaron a la oficina de recursos humanos y me informaron que iban a eliminar mi trabajo. ¿Por qué no se toma este fin de semana para pensarlo, el director de recursos humanos sugirió, refiriéndose a mi oferta de tomar la cesación de empleo en vez de Mike. Pero yo no necesitaba pensarlo, la decisión estaba tomada.

Llegué a casa alrededor de las 4:30 esa tarde — más temprano de lo acostumbrado. Jenny me vio e instantáneamente supo que había perdido mi empleo. No estaba seguro de cómo iba ella a reaccionar. Con la baja de bienes raíces, ella necesitaba ayuda con sus deudas personales. Yo sabía que esta decisión la afectaría financieramente a ella y también a mí.

Cuando le expliqué las circunstancias a Jenny, ella me dijo, “No hay nada más que pudieras haber hecho.” Eso me hizo relajarme tanto. Ambos sabíamos que tomar la cesación de empleo era lo correcto a hacer y que Dios proveería por nosotros en alguna manera.

Todo este tiempo pensé que la cesación de empleo era algo ente la familia Camp y nosotros, pero la madre de Mike llamó al programa Good Morning America. En diciembre, la historia completa se publicó, y la familia de Mike, Jenny y yo en la televisión nacional — la manera de decir gracias de la familia Camp. Me sorprendí y me sentí avergonzado por toda esta atención, puesto que no teníamos la intención de que esto se supiera más allá de mi compañero de trabajo y su familia.

Me entristeció por nuestra nación, que lo qué hicimos se considerara algo grande. No hace muchos años se habría considerado parte del “estilo Estadounidense,” pero ahora la gente lo consideraba digno de noticias. ¿Ha muerto la compasión en los Estados Unidos? Quizás está declinando, pero mi corazón me dice que muchos otros hacen cosas similares, sin ser notados.
Jenny y yo recibimos muchos mensajes e-mail, blogs, y buenos deseos después del programa de televisión. Los comentarios variaban desde “Mi fe en la humanidad se ha restaurado” hasta “ustedes nos han mostrado lo que el verdadero ejemplo de un Cristiano es.” Aunque agradecidos que otros se hayan inspirado por lo que vieron u oyeron, yo agonizaba en el hecho de que el enfoque estaba en mí y no en cómo enfocar toda la alabanza en Dios nuestro Padre. Esto me condujo a pensar en las palabras de Jesús:

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14,16, NVI).

Los siguientes meses de búsqueda de trabajo fueron difíciles. Yo había estado desempleado cuando nuestro hijo era pequeño, por lo tanto sabía que no sería fácil. Pero durante el tiempo de mi cesación de empleo de la escuela, Carolina del Sur estaba en segundo lugar de desempleo en la nación. Sometí solicitudes de empleo por computadora y luché contra el desánimo cuando no encontraba trabajo. Para colmo de las cosas, Jenny no pudo vender ni una sola casa durante ese tiempo. Nosotros dependíamos de las oraciones de nuestra familia de la iglesia, amistades, y extraños preocupados. Gracias a ellos, continuamos pasándola en paz con Dios. Aún en nuestros días más duros ni Jenny ni yo lamentamos el haber tomado la cesación de empleo por Mike.

En abril finalmente nuestras oraciones fueron contestadas: el estado me ofreció un trabajo en una agencia diferente, y luego una segunda oferta vino con un sueldo más alto. El trabajo me permitió volver a ingresarme en el sistema estatal de jubilación también. Sabemos que esta extra bendición vino de Dios, puesto que la mayoría de los trabajos estatales estaban congelados en ese tiempo.

Mirando hacia atrás, Jenny y yo nos preguntamos cómo sobrevivimos financieramente durante esos cinco meses sin trabajo. A excepción de una pequeña suma que nos dio un amigo, no recibimos asistencia de nadie. Mediante la comodidad y providencia de nuestro Señor, lo logramos.

Con esto aprendimos varias lecciones a lo largo del camino. Aprendimos cómo apoyarnos mutuamente durante la pérdida de trabajo. Aprendimos que a veces Dios usa una situación mala para enseñar lo que significa hacer lo correcto. Aprendimos que Dios aun está a cargo de los asuntos de Su pueblo y que Él no abandonará a Sus hijos; Él proveerá en Su tiempo y a Su manera si somos pacientes.

Ralph y Jenny Hanahan tienen comunión con la Iglesia Cristiana de Dios en Midlands, un grupo sabatario sin afiliación en Columbia, SC. Él sirve allí como anciano.

 

 

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