Trayectoria de la CoG7


Construyendo la Iglesia: 1963-1987

 

Robert Coulter sirvió como presidente de nuestra Conferencia General durante estos 24 años. Nativo de West Virginia, él ministró en Colorado, Wisconsin, y Michigan antes de ser seleccionado para conducir la Iglesia. Ahora de 78 de edad, el anciano Coulter contesta las preguntas del AB acerca de esta era:

AB: Su cargo como presidente de la Conferencia trajo niveles nuevos de pericia en negocios y gestión financiera, procedimiento parlamentario, y perspicacia orgánica a la Iglesia. ¿De dónde vinieron esas habilidades?

Coulter: Mis habilidades en negocios las adquirí de mi padre en comercios de construcción, antes de unirme al personal ministerial de la Iglesia. Mi padre y yo construíamos casas caras ($20,000-$25,000 a principios de los años 1950) para el mercado en Denver. Yo aprendí a comprar y vender propiedades y administrar costos diseñando las casas que construíamos y manteniéndolas dentro del presupuesto.

Durante mi adolescencia, empecé a interesarme en los procedimientos parlamentarios mientras observaba las sesiones bienales de negocios de nuestra iglesia. Cuando asumí la presidencia de la Conferencia General, me uní a la Asociación Nacional de Parlamentarios para aprender las leyes parlamentarias. Era mi deseo de presidir eficazmente las reuniones de la Conferencia General, el Concilio Ministerial, y el cuerpo de directores.

Además de aprender procedimientos apropiados, revisar las actas y las reglas vigentes de los cuerpos deliberativos de la Iglesia para respaldar la fusión de 1949, me ayudó a mejorar mi capacidad para presidir y acelerar los procedimientos de negocios de la Iglesia.

Doy gloria y honor al Señor por cualquier éxito que nosotros hayamos experimentado durante el servicio a la Conferencia General.

AB: Su flexibilidad en relaciones humanas también le ayudó — un tipo de sexto sentido en saber qué hacer, cómo hacerlo adecuadamente, y conseguir amplia cooperación para ello.

Coulter: El negocio de construcción me enseñó a ser analítico. Aprendí a resolver problemas dividiéndolos en incrementos, y a buscar soluciones para cada parte. Si algo fallaba en su objetivo, lo desechábamos o cambiábamos. Yo apliqué los mismos principios de mi trabajo con la Iglesia — un organismo vivo cuyo mensaje es invariable pero cuyos métodos siempre evolucionan.

Mientras más me familiarizaba con la organización, más evidente era que algunas funciones no estaban sirviendo a su propósito. El Concilio Ministerial, por ejemplo, se preocupaba en temas domésticos y no tenía tiempo para las preocupaciones de sus miembros internacionales. Para enfocar esta deficiencia, propusimos y organizamos el Congreso Ministerial Internacional.

Yo soy un creyente firme de que los líderes deben conducirse mediante la construcción de un consenso. Para alcanzar un acuerdo, desarrollé mi plan, metas, y objetivos, luego propuse un medio de financiamiento. Era importante para mí no prometer más de que lo que yo podría realizar, ser transparente, y considerar el servicio como un privilegio, no como un derecho. Yo intentaba respetar los cometidos de otros en la organización y no inmiscuirme en sus prerrogativas.

AB: Su cargo abrazó dignidad e integridad. ¿Quiénes fueron sus mentores en carácter y milicia eclesiástica?

Coulter: Mi padre y mi madre fueron mis primeros maestros respecto a honestidad, fidelidad, y diligencia. También tuve el privilegiado de conocer a muchos ministros que hicieron una impresión indeleble en mí. K. H. Freeman me enseñó a amar al Señor y a Su iglesia. Archie Craig fomentó mis aspiraciones ministeriales. Burt Marrs fue mi mentor en asuntos teológicos. La amistad, dedicación y milicia de E. A. Straub, inspiró mi compromiso al ministerio del evangelio y a la Iglesia de Dios (Séptimo Día).

AB: Muchas metas se realizaron en su administración: reestructura y financiamiento de los siete departamentos, la distribución gratuita del AB, erección del edificio de oficinas de la C.G., la imprenta de publicación, creación del Congreso Ministerial Internacional, y otras cosas. ¿Qué recuerdo le trae la mayor satisfacción personal ahora?

Coulter: Mis experiencias como director de Misiones en el Extranjero mientras servía a la Conferencia, siempre ha sido una fuente de gran satisfacción para mí. Me proporcionó el privilegio de viajar a todas las iglesias fuera de los Estados Unidos y relacionarme con su liderazgo nativo.

Es de gran satisfacción para mí la creación del Congreso Ministerial Internacional y observar su operación exitosa, reuniendo a la Iglesia a través del mundo cada cuatro años. El congreso se organizó con sólo once iglesias afiliadas en 1978. Hoy hay cuarenta miembros, y el número continúa creciendo rápidamente.

AB: ¿Cuál es su más grande desilusión de liderazgo de ese período, y cuál siente que sea su más duro fracaso?

Coulter: Considero que fue la manera en que yo manejé el traslado de nuestra escuela de capacitación ministerial del Midwest Bible College en Stanberry, Missouri, a Denver, Colorado (1976), mi más grande fracaso. Descuidé consultar adecuadamente a la facultad y a la directiva del colegio antes de obtener la aprobación del cuerpo de directores de la Conferencia para ese movimiento.

Mientras se desplegaba mi término, sentí que la Iglesia y su ministerio maduraban espiritualmente y podían resolverse conflictos en una manera más madura. Fue doloroso enterarme que no todos los miembros habían crecido como yo había esperado. Siempre me ha entristecido nuestro fracaso para mediar un arreglo pacífico en una disputa de una congregación grande de California a fines de mi término.

AB: Después de la división de 1933-49 y alguna turbulencia alrededor de 1960, la Iglesia nacional ha disfrutado paz hasta ahora. ¿A qué atribuye usted esto?

Coulter: Dos desarrollos importantes después de la fusión de las iglesias de Salem y Stanberry en 1949 rinden cuentas de la paz que nosotros disfrutamos dentro de la Iglesia.

Uno fue la implementación de mejores prácticas de negocios y administración de fondos después del disturbio de investigación de laicos de 1958-61. Mas transparencia y responsabilidad de los asuntos de la Iglesia a sus miembros construyeron confianza en el liderazgo y administración de la Iglesia.

Segundo, abrir puestos importantes de liderazgo a miembros laicos calificados hizo una diferencia importante en la percepción de los miembros de su iglesia. Antes de los años 1970 todas las posiciones importantes de liderazgo eran ocupadas por clérigos. Al comenzar a darnos cuenta que la organización no era “la iglesia,” nos movimos a incluir laicos y mujeres en posiciones de liderazgo. Esta política abierta ayudó a destruir los sentimientos “nosotros” versus “ellos” que habían existido en algunas mentes. Ellos comenzaron a ver que la Iglesia era inclusive de todo sus miembros.

AB: Desde que usted se jubiló de la presidencia (1987), ha servido como pastor en Grand Prairie, Tejas, y Hammondville, Alabama; como superintendente del Distrito Sudeste; presidente del Concilio Ministerial; y como miembro de numerosos comités y directivas. Ahora ha regresado a Colorado y ofrece varios días cada semana en las oficinas de la C. G. ¿Qué resta en su lista de “cosas para hacer”?

Coulter: Actualmente estoy comprometido a investigar y escribir una versión más completa de La Historia de la Iglesia de Dios (Séptimo Día). Mi meta es presentar una narración objetiva del desarrollo de nuestra iglesia.

AB: ¿Alguna cosa que desee usted decir a sus hermanos en Norteamérica y alrededor del mundo?

Coulter: Primero, deseo saludar a mis muchos amigos y hermanos en todos lados. Estoy agradecido por la confianza y respaldo de la Iglesia a mi ministerio y trabajo, y el privilegio que me ha proporcionado para servir a través de los años. Y por último, quiero animar a cada hombre joven que tenga aspiraciones para el ministerio que siga ese llamando. Yo nunca he lamentado los años que he dedicado al evangelio de Cristo y Su iglesia.

 

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